familiares. Porque, en sus palabras, todos los expedicionarios estaban solos «a pesar de andar con tanta gente». La urgente necesidad de humanizar la guerra fue discutida públicamente por el arzobispo electo de Santiago, Francisco de Paula Taforó en la carta que envió al general Baquedano y que fue publicada en el diario El Chilote luego de la ocupación de Lima474. En su misiva Taforó subrayaba la noción compartida por muchos de sus compatriotas de que Dios bendecía constantemente a los expedicionarios dándoles «victorias sobre victorias». Esa predilección divina demandaba de un comportamiento cristiano por parte de Chile. Por ello, Taforó solicitaba a Baquedano que fomentara la compasión del ejército para con los peruanos, muchos de los cuales eran «víctimas inocentes de las pasiones humanas y de los yerros de los gobiernos». El arzobispo era consciente de las dificultades de poder contener al soldado en medio del ardor de la batalla y sediento de la venganza y el botín; sin embargo, solicitaba que el comando inspirara sentimientos de humanidad entre la tropa. El hecho de tener compasión con los vencidos, mostrar un respeto sagrado a los ministros del Señor, rodear de inmunidad a los santuarios y objetos de culto y proveer de inviolabilidad a la débil mujer, mostraría públicamente cómo los chilenos eran capaces de vencer a los demás y de saber vencerse a sí mismos. Desafortunadamente para Taforó y para sus seguidores, la guerra continuó con la lógica que primó en Mollendo y la imagen del soldado cristiano y civilizado que la curia intentó sin éxito rescatar volvió a ser confrontada por la cruda realidad de una tropa anarquizada y ebria, cuyo accionar contradijo en Chorrillos la consigna de sometimiento de las pasiones humanas promocionada por el clero chileno. El poblado de Lurín fue testigo del momento climático de ese largo peregrinaje en pos de la victoria final que, de acuerdo a su clero, le fue prometida a Chile por el «Dios de los ejércitos». En el evento patrióticoreligioso ocurrido en uno de los balcones del cuartel general del ejército, a escasas horas del ataque sobre la «Sodoma sudamericana», es posible observar la reproducción de la ideología nacionalista en clave católica (regeneración, oración, guerra justa, femenino-compasivo, heroísmo cristiano) que hemos venido analizando a lo largo de es este capítulo. En la mañana del 11 de enero de 1881 tuvo lugar lo que el corresponsal de El Heraldo describió como «una conmovedora ceremonia» pública en la cual participaron el 2º de Línea, junto con los demás cuerpos del ejército y una numerosa concurrencia de jefes y oficiales chilenos475. El acontecimiento, 224
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