Guerreros civilizadores

Los capellanes intentaron reproducir en el frente de batalla el modelo del héroe cristiano publicitado en los púlpitos de las iglesias y en las oficinas de redacción de los periódicos católicos. José María de Madariaga (18421880) fue probablemente el sacerdote que llevó el paradigma del monjesoldado, defendido por el obispo Salas en las páginas de El Guerrero Cristiano, hasta las fronteras de lo imaginable. El relato que describía al franciscano de pie en la proa de una de las lanchas que desembarcaban soldados en Pisagua en medio del fuego, con un Cristo en la mano derecha y arengando en voz alta a los atacantes; o aquel otro que lo recuerda en Dolores, a caballo, junto al general Escala, esa vez con el estandarte de la Virgen del Carmen a su diestra, son prueba de los límites a los que llegó el celo religioso y el nacionalismo del clero chileno (Molinare, 1912, p. 111; Vargas Machuca, 1927, I, p. 264). Madariaga, junto con sus increíbles hazañas, se convirtió en una de las figuras más populares de la guerra. Una suerte de mito viviente que con su sotana agujereada desafiaba en medio de una lluvia de balas a la muerte, con el único propósito de atender al herido o de acompañar en el transito final al moribundo. El Nuevo Ferrocarril sacó en su primera plana el retrato de ese valiente sacerdote que cabalgando junto a su caballo «Negro» y llevando la cruz desde Germania hasta Negreiros y por los desfiladeros de la quebrada de Corza, era ni más ni menos que una celebridad desde Chiloé hasta Tarapacá. Como no podía ser de otra manera, la intensidad física y mental con la que Madariaga vivió la guerra lo condujo a una temprana muerte, la que fue llorada por todo Chile. En los funerales multitudinarios ocurridos en La Serena, Manuel Aracena señaló en su discurso de despedida que Madariaga «amó con sinceridad y sirvió con valentía y denuedo los sagrados intereses de Dios y de la Patria». El capellán —al que Benjamín Vicuña Mackenna bautizó con el sobrenombre de «Pedro el Ermitaño» y a quien en un poema se le comparó con San Juan Capistrano— era «cristiano y patriota», tal como lo fue su más cercano amigo y colaborador, el general Erasmo Escala464. 215

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