Guerreros civilizadores

inicio de un cambio profundo en la forma de hacer política, de organizar a la sociedad y de plantear el papel de la cultura como instrumento de cohesión, en algunos casos, y de disolución social, en otros. Guerreros civilizadores es el producto de una década de trabajo y es por ello que son muchas las personas e instituciones a las que debo de agradecer. Empiezo por las instituciones, que me dieron apoyo financiero y un espacio donde desarrollar mi quehacer académico. En primer lugar, debo darle las gracias a The University of the South − Sewanee, la casa de estudios donde me desemepeño desde hace dieciséis años como profesora del Departamento de Historia, por su apoyo incondicional. No existen palabras que puedan describir la belleza de Sewanee y la generosidad de una universidad que me ha dado la libertad y todos los medios a su alcance para desarrollarme como intelectual y como persona. Una beca de la Fundación John Simon Guggenheim junto a la invitación del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile me permitieron pasar una temporada en Santiago en el año 2002. Estadías posteriores invitada por la Universidad de Santiago de Chile, la Universidad de Talca, el Centro de Estudios Bicentenario y el Instituto de Historia de la Universidad Católica de Chile me permitieron discutir mi trabajo con colegas y estudiantes chilenos. Presentaciones parciales de mi investigación fueron hechas en la Universidad Externado de Colombia, en la Universidad de Columbia en Nueva York, la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad Torcuato di Tella, en Buenos Aires, en el Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en Lima, y en la Universidad del Estado de Río de Janeiro. En el proceso de investigación y consulta de fuentes documentales conté con el apoyo del personal del Archivo Nacional, la Biblioteca Nacional y el Archivo del Ejército de Chile. Mi trabajo no se hubiera podido realizar sin la ayuda de Emma de Ramón, Coordinadora del Archivo Nacional y de Fanisa Dulcic Correa; del coronel Luis Rothkegel, director del Centro de Estudios e Investigaciones Militares; del general de brigada Bosco Pesse, durante su gestión en la Escuela Militar y de Claudia Arancibia, del Departamento de Historia Militar del Ejército. Durante mis viajes anuales de investigación me encontré con el cariño y la hospitalidad de Isabel Cruz, Pilar Hevia, Maca Ponce, Carola Sciolla, Olaya Sanfuentes, Alexandrine de la Taille y mi querida Trini Zaldívar. Fueron mis amigas las que me enseñaron a conocer los colores, sabores y texturas de ese Chile espontáneo, alegre y vital que tanto aprecio. 21

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