la moralidad, un rasgo propio del republicanismo cívico y del pensamiento católico, permite descubrir cierto parentesco entre las críticas al lujo hechas por Pedro Félix Vicuña en la década de 1850 y los artículos que sobre el mismo tema publicó La Revista Católica. Dentro de la teoría republicana, el lujo, la vanidad y la frivolidad femenina eran algunos de los vicios que, como hemos observado anteriormente, debían desterrarse no solo de la esfera pública sino de la doméstica. En el marco de una guerra que abría un frente interno en el cual se podía proseguir, de manera más contundente, la difícil tarea de definir y de sancionar los usos y costumbres sociales, Esteban Muñoz Donoso subrayaba cómo en el privilegiado escenario de un conflicto internacional resultaba perfectamente factible derrotar a los excesos del lujo y dar un golpe mortal al sensualismo que enervaba a la sociedad chilena (VV.AA., 1879, pp. 2930). En la pastoral que el obispo Salas envió a la diócesis de Concepción, el sacerdote estableció claramente la naturaleza de las funciones femeninas y masculinas durante la guerra. Mientras que la religión y la patria pedían al hombre la fuerza de su brazo y el poder de su inteligencia, las mujeres eran llamadas a proveer de su «sensibilidad exquisita» y «la ternura de su corazón». Todo ello en provecho de aquellos que soportaban las fatigas y peligros de la vida militar. Salas exhortaba a que se hiciera un paréntesis al lujo y que tanto la matrona como la «virgen cristiana» con la máquina de coser, con la aguja o la tijera en mano dedicaran su tiempo a confeccionar los uniformes de los soldados435. La participación de la mujer en el frente doméstico de la guerra bajo el liderazgo de la Iglesia tuvo entre sus objetivos reforzar un modo de ser femenino de estirpe cristiana pero también republicana436. Recordando a lo femenino como piadoso además de virtuoso, sacrificado y asceta, la Iglesia se ocupó de que esos ángeles femeninos, a los que hizo alusión de manera figurada Ramón Ángel Jara, agotaran todas las «invenciones» de su «ternura» y volaran a los campamentos buscando que toda necesidad fuera aliviada, toda lágrima enjuagada y toda herida cicatrizada. Jara exhortaba a los cientos de mujeres que lo escuchaban a que se convirtieran en «nubes cargadas de rocío» derramando sobre la patria los favores que el cielo les otorgaba mediante sus ruegos437. El enojo que Muñoz Donoso expresó en uno de sus artículos respecto a la vestimenta que el «bello sexo» exhibió en una de las procesiones que regularmente ocurrieron en Santiago, las que terminaron por convertirse en «torneo de profanas vanidades» por la ostentación de las últimas modas de París que en ellas se hacían, muestra 200
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