Guerreros civilizadores

participación de María como «omnipotente intercesora», en los momentos previos a la batalla de Maipú430, pero también con la imposición de su presencia simbólica en los miles de escapularios repartidos a cada uno de los miembros del ejército expedicionario y con las innumerables celebraciones e historias asociadas a la Virgen en sus diferentes versiones. Entre ellas, cabe anotar la milagrosa aparición, narrada por el capellán Ruperto Marchant Pereira, de un cuadro de la Inmaculada Concepción en Antofagasta (Marchant Pereira, 1959, pp. 24-25), o la remembranza pública que hizo el obispo Salas en torno a las cinco fechas victoriosas para el ejército chileno (Iquique, Angamos, Dolores, Tacna y Torata), las que, justamente, habían coincidido con el día de la semana dedicado a la Virgen. Que la mayoría de las victorias alcanzadas por el ejército expedicionario hubieran ocurrido los miércoles no era una coincidencia para el obispo, aquello era algo misterioso y profundamente consolador, una suerte de «designio providencial» para que jefes y soldados veneraran con «amor filial» a la patrona de las armas de Chile (Salas, 1880, pp. 117119). Eso fue justamente lo que hizo Ignacio Serrano antes de embarcarse en la que sería su última misión naval a bordo de la Esmeralda. De acuerdo a su confesor, Gregorio Ampuero, el héroe de Iquique estuvo arrodillado frente a la imagen de la virgen del Carmen el día anterior a su partida al norte. Luego de ello Serrano le dijo a su confesor que había ofrecido a la Virgen el sacrificio de su vida, si era necesario para el engrandecimiento de la patria. Era obvio que un episodio de culto mariano que involucraba al marino que todo Chile admiraba por su arrojo recibiría una amplia cobertura en la prensa católica431. Rodolfo Vergara Antúnez 198

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