Guerreros civilizadores

techo de una tienda de campaña coronada por la bandera chilena. La simbólica alianza entre Dios y el ejército de Chile, que se sustentó en un elaborado despliegue de parafernalia de indudable estirpe barroca, provocó el singular comentario reproducido en un periódico católico: «si Dios está con nosotros ¿quién podrá vencernos?»425. Las procesiones se convirtieron en parte integral de la vida cotidiana de Santiago y también de las provincias. Las imágenes de la virgen de las Mercedes, de la del Carmen e incluso la del Ángel Custodio con su respectivo mapa de Chile en las manos recorrieron de manera permanente las calles del país, seguidas por cientos de fieles que portaban velas encendidas, envueltos en nubes de incienso. Respecto a una práctica que no era nueva en la república católica pero que a raíz de la guerra parecía haberse apoderado de las calles de Copiapó, el periodista de El Constituyente describió una de estas procesiones en la que las imágenes de María y del Divino Redentor recorrieron la plaza de armas de la provincia. Unos días después, a propósito de otro de estos eventos protagonizados por «santos, frailes y devotos», el periodista subrayó la proliferación de esos actos religiosos como consecuencia de la guerra426. La procesión de la Virgen del Carmen en el territorio reivindicado de Antofagasta ocupó los titulares de la prensa clerical. A las tres de la tarde del 22 de julio, señalaba una nota publicada en El Estandarte Católico, la estampa de la Virgen salió de la iglesia de la ciudad salitrera por entre una doble hilera de soldados. La imagen fue colocada sobre un soporte en el que a cada lado ondeaba la bandera tricolor. Los cuatro cordones que se desprendían del anda fueron llevados por los generales Baquedano y Escala y por los coroneles Sotomayor y Urriola. La imagen de la Virgen, continuaba la nota, era arrastrada por jefes y oficiales del ejército nacional, cuya marcha era presidida por un oficial que portaba otra bandera chilena. El recorrido de la patrona del ejército de Chile estuvo acompañado de salvas de artillería y amenizada por cinco bandas de música que entonaron «lindísimas piezas» durante todo su trayecto427. El culto mariano floreció durante los años de la Guerra del Pacífico. A pesar de que, como lo recordó Donoso en uno de los sermones pronunciados en la Metropolitana, la devoción a la celestial patrona en su versión carmelita se fortaleció en la etapa de la Independencia428, fue durante el enfrentamiento bélico con Bolivia y Perú que la adoración adquirió un fervor multitudinario429. Lo anterior tuvo que ver con el poderoso recuerdo, avivado por el clero, en torno a la decisiva 197

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