eficacia que atribuyó a los ramos bendecidos para evitar las enfermedades que rondaban los campamentos militares apunta a relevar la eficacia de la religión como resguardo, al menos mental, ante la incertidumbre de lo desconocido (Quiroz & Gutiérrez, 1976, pp. 151-153). De la misma opinión fue el oficial Rafael Baeza, quien le escribió a su madre agradeciéndole sus oraciones. «Mucho le agradezco por estar convencido de lo mucho que ruega por su hijo, que tanto lo necesita». Baeza, quien murió peleando en Pucará, opinaba que eran las oraciones de su progenitora lo que lo conservaban «sin novedad»415. El periódico El Ferrocarril brindó un testimonio pequeño aunque significativo que permite evaluar, desde otro ángulo, el impacto que sobre la vida cotidiana y el imaginario del ciudadano común tuvo el discurso que con motivo de la guerra elaboró la alta jerarquía de la Iglesia chilena. En su edición del 23 de abril de 1879, a escasos días de la declaratoria, su editorialista narraba la historia de una pobre cocinera de Concepción, quien luego de escuchar la pastoral enviada por el obispo Salas en la misa dominical fue a hablar con sus patrones para comunicarles que desde ese instante erogaba la mitad de su escaso sueldo para los gastos de la guerra. Este tipo de comportamiento patriótico era el producto, de acuerdo al articulista, del mensaje del obispo, quien con sus poderosas palabras había logrado conmover las conciencias de todos los chilenos. El relevar la caridad del pobre, ejemplificada en esa humilde mujer —quien soportaba «con gusto la angustia de sus necesidades con tal de tener la satisfacción de contribuir con su óbolo a la salvación de la «honra» de Chile— fue un intento consciente dirigido a convencer a los lectores de que cualquier colaboración, por pequeña que ella fuera, sería bienvenida 416. En el mismo sentido El Estandarte Católico comentaba la noticia de que de todos los puntos de la parroquia Rinconada de los Andes corrían presurosos los fieles para poder aliviar en algo los sacrificios de los valientes soldados, defensores de la honra nacional417. Ante la patria en peligro, opinaba el redactor de La Reacción de Talca, periódico de tendencia clerical, desaparecían los rangos y las fortunas y solo quedaban ciudadanos dispuestos a dar todo por ella. Eso fue lo que justamente hizo el ex soldado talquino Francisco Paredes, quien en medio de la emoción patriótica cedió a beneficio de la guerra el íntegro de su jubilación mensual, la cual ascendía a la cantidad de doce pesos418. IV. COLECTAS, PROCESIONES Y FUNERALES 193
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