Guerreros civilizadores

Luego de procesar parte de la documentación que guarda la colección Vicuña Mackenna decidí que este libro transitaría entre la historia política, cultural e intelectual y que tendría como eje principal el derrotero de un Estado y una nación en armas. Mi objetivo era narrar la historia de una república que se reconocía como culta y civilizada y que por una serie de circunstancias históricas debía ingresar, con escasa preparación pero con mucha voluntad, al territorio de la violencia organizada. Como no era mi intención quedarme en la construcción discursiva de una guerra que tuvo en la frontera sur su campo de experimentación teórica y práctica, decidí explorar los diversos planos del conflicto armado desatado en 1879. La idea era develar la connotación múltiple y diversa de la guerra civilizatoria que Chile se propuso pelear con sus vecinos. Mi propósito era entender la guerra desde la sala de comando en La Moneda, pero también averiguar cómo aquella se vivió en la plaza de Curicó, en el campamento de Antofagasta o en la sala de redacción de El Mercurio. No hay que olvidar que a partir del 14 de febrero de 1879 Chile experimentó una guerra mediática de dimensiones nunca antes vistas en su historia republicana. El clero de la nación en armas no podía quedar al margen de mi análisis sociocultural y político de la guerra. No solo porque el enfrentamiento con Bolivia y el Perú permitió a un puñado de curas proseguir su vieja disputa ideológica con los liberales sino porque los capellanes chilenos difundieron el mensaje de la guerra civilizatoria en la frontera norte, que además era santa y justa. Desde un primer momento tuve claro que los soldados debían jugar un rol central en mi relato. Los centenares de cartas que encontré en el Archivo Vicuña Mackenna, además de los diarios inéditos y los publicados que leí con sumo interés, me ayudaron a entender los problemas del frente externo y, también, a poner en perspectiva la tarea cultural de las vanguardia militar de La Moneda. Porque al final fueron las plumas de los combatientes las que trazaron con maestría las imágenes más poderosas que aún perviven sobre la Guerra del Pacífico. ¿Por qué «Guerreros civilizadores»? Partiendo de la premisa de que la Guerra del Pacífico se peleó en clave civilizadora consideré que era necesario disponer de un templete que permitiese integrar las diversas voces que aparecen a lo largo de este relato. Civilización es un concepto que sirve, obviamente, como hilo conductor. Sin embargo, su carga polisémica permite explorar las diversas variaciones que surgen en torno al gran tema de Chile decimonónico. Mientras que para el Estado, que se debatía entre viejos y nuevos paradigmas, una guerra civilizadora requería 19

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