heroísmo y las inmortales hazañas» que inspiraba «el amor santo de la patria» fue el tema central del sermón que en esa oportunidad pronunció Esteban Muñoz Donoso. La inmortalidad conquistada por los héroes caídos en combate no solo significó su glorificación personal sino la exaltación de todo Chile. Durante la ceremonia religiosa, que duró casi tres horas, se les recordó a los asistentes que nunca aparecía el hombre más grande y admirable como cuando se elevaba a la región altísima de la virtud heroica. En ese precioso momento se olvidaban las humanas miserias, la materia vil se transformaba en ropaje de luz y se palpaba la imagen y semejanza de Dios. Solo a través del heroísmo se veía al ser humano en toda su majestad y poder, luchando contra su propia miseria y cantando «victoria sobre sí mismo». Para Muñoz Donoso no cabía ninguna duda de que el modelo heroico por excelencia era de estirpe cristiana. ¿Qué eran sino, se preguntaba, esos «atletas de la gracia, los mártires y demás santos», sino hombres que en el orden sobrenatural practicaron en grado heroico las virtudes? ¿Cuál era —continuaba el sermón— el más elocuente símbolo del cristiano, sino el crucificado? Cristo, el héroe de los héroes, quien convirtió a la cruz en el «emblema de un heroísmo divino y al Gólgota la pena de su gloria infinita»404. Esteban Muñoz Donoso Uno de los componentes más importantes del discurso patriótico de la Iglesia chilena fue la celebración del heroísmo. Este concepto, solemnizado por el clero, era fundamental para la evolución de una guerra no solamente incierta sino también dura y extenuante para el territorio donde se peleaba. Dentro de una tendencia que apuntaba a la apropiación por parte de la Iglesia del paradigma heroico de estirpe occidental es que podemos ubicar al artículo «La glorificación del heroísmo por la mano de 184
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