Guerreros civilizadores

El clero peruano no fue ajeno al concepto de «la guerra justa». La visión agustiniana del conflicto internacional fue un elemento clave en la pastoral que el arzobispo limeño Francisco Orueta envió a sus fieles el 5 de abril de 1879 con motivo del inicio de las hostilidades. Publicada en ese mismo año, la carta de Orueta subrayó que cuando el Perú ofrecía su «generosa mediación» para evitar la lucha entre dos repúblicas hermanas, Chile reacciono declarándole la guerra (Orueta y Castrillón, 1879). Orueta opinaba que no se podían romper de una manera tan radical «los antiguos vínculos de dos pueblos» con tradiciones e historias compartidas. Ante «tan evidente injusticia» por parte de Chile, Orueta apelaba al vínculo entre patria y religión, convocando a los peruanos a pelear con la convicción de que Dios estaba de su lado. Refiriéndose a las críticas del periodismo católico peruano frente a la justificación de la guerra por parte del clero chileno, Esteban Muñoz Donoso señaló en uno de los artículos escritos para El Estandarte Católico cómo «ciertas personas» se escandalizaban de la «encontrada apreciación que sobre la justicia de la guerra» hacían los obispos de las naciones beligerantes». Debido a lo espinoso del tema, el autor subrayaba que en «cuestiones más o menos oscuras» como eran las que originaban las guerras internacionales no era raro sino «muy natural» que hubiera «opuestas opiniones». Era por ello que resultaba absurdo demandar que los sacerdotes chilenos no sintiesen «los generosos latidos del amor patrio» que ennoblecían todos los corazones. La religión no condenaba sino por el contrario ensalzaba y bendecía los racionales dictados del patriotismo. Porque lo que se discutía en Chile a partir de la declaratoria de guerra no eran los intereses de la Iglesia sino de la patria. El editorialista y orador sagrado recomendó al clero católico de las tres repúblicas conflagradas que se ciñesen a cumplir con aquellos deberes propios de toda guerra, asegurándoles, además, que la religión no sería perjudicada como consecuencia del conflicto internacional399. III. LA ALQUIMIA DE LA PALABRA Y LAS PROMESAS DE LA VIDA ETERNA La retórica sagrada logró transformar una guerra por recursos económicos en una cruzada por la redención y purificación de la nación vecina, pero sobre todo fue capaz de trascender los círculos intelectuales de la Iglesia. En las estrofas del poema «¿Dónde vas joven soldado?», panfleto que tuvo 182

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