Guerreros civilizadores

Dios. Así, era imposible imaginar que la salvación del pueblo chileno vendría «de los antros tenebrosos de las logias». Porque, de acuerdo a Ramón Ángel Jara, todo Chile sabía que mentían los enemigos de la Iglesia, cuando aseguraban que ella debilitaba y afeminaba los corazones. Lo que ocurría era justamente lo contrario. Al purificar el patriotismo imponiendo al ciudadano la consigna del Macabeo («Debes morir antes que ver la deshonra de tu patria»), la Iglesia era la encargada de «bendecir las armas, resguardar al acerado pecho del guerrero con talismán precioso, pedir diariamente en el tremendo sacrificio el triunfo de Chile», e incluso de participar activamente, en la persona de sus capellanes, en aquellos difíciles combates en los cuales el sacerdote y el soldado morían «envueltos en una misma bandera»369. Chile no fue un caso excepcional respecto a la perspectiva, bastante extendida, sobre su destino providencial. A mediados del siglo XIX, los Estados Unidos fueron descritos por algunos de sus intelectuales como una «nación elegida» por Dios para salvar y redimir a las demás. Así, sus guerras fueron concebidas como cruzadas morales contra las fuerzas del mal. El conjunto de creencias que derivaron en la idea de que Norteamérica era una «nación redentora» fueron sintetizadas en «El Himno de Batalla de la República». Escrito en 1861 por Julia Ward Howe, con motivo de la Guerra de Secesión, el popular himno muestra que lo que se creía estaba en crisis en la década de 1860 era la totalidad del género humano. El paralelismo extendido entre el Israel histórico y los Estados Unidos exhibió un importante punto de encuentro en el cual Dios otorgó a ambos un continente como herencia y una misión salvadora que cumplir (Tuveson, 1968)370. Es dentro de una clave ideológica de similar naturaleza que cobra sentido la consigna que el presbítero Jara dio a los miembros del batallón Chacabuco antes de partir al frente de batalla. En la ceremonia de despedida en la iglesia de San Bernardo, Jara se dirigió a los «soldados cristianos» subrayando que tal como el pueblo de Israel ellos debían cruzar el desierto con la finalidad de buscar al enemigo y ejercer la justicia de Dios371. La religión —con sus símbolos, historias, teologías e incluso cosmologías— fue el sustento de la solidaridad comunal que derivó en los futuros nacionalismos europeos y es por ello que no sorprende observar que fue también la religión la que proveyó de valiosos insumos al sentimiento nacionalista que afloró en Chile durante la Guerra del Pacífico. Anthony Marx ha observado que la fe, politizada y por ello 167

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