Guerreros civilizadores

vería sometida a grandes apuros debido a que los ruegos de los peruanos al «Dios de la guerra» eran muy semejantes al de las «invictas beatas» chilenas. Atender favorablemente el pedido de los devotos de un país significaba desoír el del otro361. Era obvio, como lo sugirió el obispo de La Serena, que «una guerra fratricida entre naciones de un mismo origen, de una misma creencia, de un mismo idioma, de una misma costumbre y destinadas a marchar siempre unidas con fuertes vínculos fraternales» era «una verdadera calamidad»362. Es debido a lo contradictorio de una labor eclesiástica —que ocurrió tanto a nivel teórico como practico—, que resulta importante seguirle el rastro al clero chileno, que bajo la egida de Larraín Gandarillas supo navegar por las aguas tempestuosas de un conflicto internacional e incluso proclamar en la mismísima catedral de Lima que el Dios de los ejércitos apoyó a Chile. Este capítulo es una aproximación al papel desempeñado por el clero chileno durante la Guerra del Pacífico. En el excepcional contexto provisto por una guerra internacional, un grupo de sacerdotes —entre los que destacaron Joaquín Larraín Gandarillas, José Hipólito Salas, Salvador Donoso, Ramón Ángel Jara, Roberto Vergara Antúnez, Esteban Muñoz Donoso, Ruperto Marchant Pereira, Fernando Blaitt, Francisco de Paula Otero, Juan Guillermo Carter, entre otros— pusieron a disposición de la maquinaria bélica el rico legado ideológico, los rituales y la capacidad organizativa de la Iglesia. Este apoyo no era menor. Hay que recordar la estratégica y hasta ese momento insuperable dispersión territorial de la Iglesia y su indiscutible ascendiente sobre la población rural. Hacia 1879 no existía en Chile otra institución con tal presencia territorial. En este ámbito su superioridad frente al Estado es clara, especialmente en el campo donde muchas veces el cura párroco operó, para todos los efectos, como un verdadero funcionario civil (Serrano, 2008). Los clérigos —le escribió Rafael Vial a Antonio Varas desde Valparaíso — eran un gran apoyo del gobierno, ya que ayudaban mediante sus incesantes prédicas a la causa bélica363. Vial no estaba equivocado en su apreciación. Los círculos intelectuales de la Iglesia católica tuvieron un papel fundamental en la elaboración de una escatología de la guerra mediante la cual esta quedó depurarla de sus impurezas materiales y de sus contradicciones internas. El apoyo de la Divina Providencia hacia la causa de Chile será una de las ideas fuerza que el clero diseminará ante la opinión pública mediante un hábil manejo de los medios de comunicación. Su participación en el debate ideológico que la guerra promovió y en la 164

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