Guerreros civilizadores

encadenamiento de las virtudes engendradas a través de los siglos o de los vicios transmitidos de una generación a otra. Lo ocurrido en Chorrillos y Miraflores probaba que «era llamado el tiempo del engrandecimiento de Chile», un país al cual la Providencia nunca dejó de proteger. Sin embargo, para mantener esa protección era necesario recordar que la victoria estaba íntimamente asociada a una causa justa y a la fe en Dios. Fue debido a ello que el Señor eligió las miles de víctimas propiciatorias de Chorrillos y Miraflores para dispensarle una gran merced. Esta tenía que ver con las oraciones de su pueblo y los sacrificios de sus soldados pero también con los cincuenta años que Chile dedicó «al afianzamiento de las instituciones políticas y sociales y al desarrollo de las industrias nacionales»358. Los ecos de la lectura providencialista de la guerra llegaron a las provincias. En el sermón pronunciado por el presbítero José Agustín Gómez en la iglesia matriz de la ciudad de San Felipe, le refirió a sus fieles que las acciones del ejército chileno en Lima fueron «claramente decretadas» por esa Divina Providencia que desde siempre veló por el destino de la nación. El amor a Dios, a la patria y a la familia, «tres efusiones sublimes del corazón», constituía el verdadero soporte del «buen ciudadano» que supo derrotar a sus enemigos en la capital peruana359. El clero abrazó la guerra y la resignificó en el marco de su disputa cultural con sus antiguos enemigos, los liberales. Lo impresionante aquí no es la lucha por el control de la esfera pública —de lo que ya teníamos noticia —360 sino el férreo compromiso ideológico con que el clero decidió dar esa pelea. Lo que realmente impacta es la coherencia con la que los publicistas católicos respondieron al trastorno de la guerra, tornándola en la última gran posibilidad de recuperar el terreno arrebatado por el liberalismo. Fue la fidelidad ciega a ese proyecto —la desesperación, en último término— lo que instaló el extravío que marcará, como bien sabemos, su derrota política y simbólica. Aunque en apariencia exitosa por su maniqueísmo simplificador, la tarea ideológica del clero chileno no fue del todo fácil. A las críticas que recibieron los capellanes de parte de sus pares peruanos y bolivianos por su comportamiento a lo largo de la campaña, deben sumárseles comentarios como los aparecidos en El Constituyente de Copiapó. Fue este periódico, en especial, el encargado de hacer evidentes las contradicciones de la narrativa católica, cuyo objetivo fue validar un complicado conflicto internacional. La divinidad, opinaba el periodista del diario copiapino, se 163

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