Guerreros civilizadores

Bulnes, además de la publicación de otros libros relacionados a la guerra de 1879, sirvió de soporte para el proyecto nacionalista, que renació con nuevos bríos en la década de 1930. De igual manera, respondiendo a la necesidad de difundir su mensaje a una sociedad de masas, habrían de ensayarse nuevos formatos; el periodístico-literario principalmente, cuyo momento de gloria sería la publicación del Adiós al séptimo de línea de Jorge Inostroza en 19555. La publicación en cinco tomos, que vendió cinco millones de ejemplares, fue sin embargo la culminación de una larga trayectoria de creaciones literarias en torno a la guerra, donde destacaron autores como Ramón Pacheco, y Daniel Riquelme6, además de narradores como Federico Gana, Luis Ortiz Olavarrieta, Antonio Bórquez Solar, Olegario Lazo, Marcial Cabrera, Pedro Sienna y Joaquín Díaz Garcés, entre otros. En la recopilación de las obras de estos escritores (Blanco & Asenjo, 1958) se subrayó el hecho que las guerras peleadas por Chile en el siglo XIX encontraron su expresión más acabada en el mundo de la ficción. Inspirados por esa situación, los compiladores, Guillermo Blanco y Patricio Asenjo, se propusieron «evocar en lectura grata y amena la tradición que a través de sus luchas había dejado el pueblo chileno». En aras de la buena vecindad con los antiguos enemigos, Blanco y Asenjo eliminaron de su selección los cuentos en los que primaba la sangre, el odio y cualquier otro sentimiento despectivo contra los antiguos rivales. La ficcionalización de la Guerra del Pacífico, donde los personajes reales se mezclan con los fantásticos, tiene sus orígenes en ese cuento simple pero a la vez tierno y emotivo que Pacheco descubre y entiende pero que Inostroza, utilizando un talento similar al de sus predecesores, pero también aprovechándose de su experticia en los medios de comunicación de masas —pues su creación tuvo una difusión inicialmente radiofónica— llevó a niveles de consumo nunca antes vistos en la historia nacional chilena. Con su énfasis en los factores económicos, la década de 1960 reposiciona a la Guerra del Pacífico en el campo de lo tangible. La aplicación del análisis marxista que se hace evidente en el trabajo de Luis Vitale, colabora en definir una nueva configuración del conflicto armado. A leer la guerra desde una perspectiva diferente, Vitale sostenía que la historiografía tradicional se equivocaba al señalar que el Tratado Secreto firmado por Perú y Bolivia en 1873 y la violación de ese otro firmado en 1874 fueron las verdaderas causas de la Guerra del Pacífico. Se había peleado la «guerra del salitre», más bien, porque la burguesía chilena — 15

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