Las fuentes recopiladas por Ahumada nos introducen a una guerra compleja y difícil que por lo mismo demanda un esfuerzo analítico muy grande. Sin embargo, la visión que prevalece sobre del enfrentamiento entre Chile, Bolivia y el Perú era bastante elemental. La Guerra del Pacífico como parte de una trilogía que se remonta a los años de la Independencia, la noción de Chile como una nación trabajadora cuya misión era civilizar una frontera bárbara poblada por bolivianos y peruanos, el tema del ultraje infringido contra la honra nacional, que remitía a la noción de una suerte de duelo caballeresco con unos rivales que obviamente no conocían siquiera ese concepto, el recuerdo de que «la justicia fue el ángel tutelar» de la república vencedora e incluso la imagen de Lima como lo femenino redimido por el dolor, fueron algunos de los tropos que aparecieron, por ejemplo, en las páginas de El Lector del Soldado Chileno, de M.J. Herrera Sotomayor, libro compuesto en 1890 para servir como texto de lectura obligatoria en las escuelas de los cuerpos militares. La violencia desatada en la guerra civil de 1891 empañó la imagen de la nación feliz y ordenada que logró triunfar sobre sus divididos rivales. La Guerra del Pacífico perdió a raíz de esto la centralidad de la primera hora para reaparecer en las primeras décadas del siglo XX. Gonzalo Bulnes fue el encargado de introducir la Guerra del Pacífico a las nuevas generaciones de chilenos y chilenas (Bulnes, 1911-1919). Su acceso a la correspondencia privada de sus principales protagonistas lo convirtió en una voz autorizada pero no por ello menos controversial. Bulnes no tuvo reparos en confesar que mantener «el prestigio de la república en el rango en que la colocó la generación de 1879» era su mayor objetivo. Sin embargo, la imperiosa necesidad de incentivar el «amor a la patria» le obligaba a ser honesto, incluyendo, en consecuencia, información que ayudara a comprender al lector «los tropiezos» que Chile había encontrado en su camino a la victoria. Debido a esto, muchos militares se sintieron ofendidos por las críticas de Bulnes. No era de «gente bien nacida», afirmó Héctor Williams (1949), destruir sin «escrúpulo alguno» reputaciones dignas de respeto, como eran las de su padre y la de muchos militares cuyos actos y decisiones Bulnes expuso crudamente ante la opinión pública. Coincidió esta segunda etapa historiográfica —que fue diplomática, militar pero también política y social— con la agudización en Chile del conflicto de clases y la crisis de identidad nacional. El revisionismo de 14
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