Guerreros civilizadores

El vocabulario que se fue forjando durante las decisivas jornadas de 1879-1884 tuvo como correlato un ensanchamiento notable de la esfera pública. Es en ella donde se irán imbricando conceptos provenientes del republicanismo constitucional, de un nacionalismo a la defensiva y de la tradición ideológica de la «gran usurpación», proveniente de las guerras de la Independencia y de la posterior guerra contra España. Esta trilogía fue de gran utilidad para los propósitos del periodismo de guerra que definió pero también transformó a la Guerra del Pacífico en un producto de consumo público y en un espectáculo de masas. V. LA GUERRA COMO ESPECTÁCULO PÚBLICO La guerra cívica no puede circunscribirse tan solo al ámbito del discurso, y por ello también debe ser estudiada por medio de las prácticas que la definen, entre ellas la activa participación de la población civil en asociaciones probélicas, pero también en espectáculos de corte militar. La distancia geográfica entre Santiago y las provincias y el teatro de las operaciones promovió la organización de espectáculos multitudinarios en los que miles de chilenos participaron de manera simbólica en un enfrentamiento que se libró a miles de kilómetros del territorio patrio. Es dentro de este contexto que es posible entender la expansión de «la cultura de la movilización» propiciada por la prensa nacional (Mc Evoy, 2010, pp. 42-54). Entre 1879 y 1884, los espectáculos públicos fueron masivos, y lograron niveles de sofisticación nunca antes vistos en la historia republicana. Transformar la guerra en un espectáculo público, como ocurrió con las caravanas patrióticas analizadas previamente, y extraer de esta empresa ventajas económicas fue un comportamiento que se generalizó entre los publicistas de la guerra. Ese fue el caso del periodista de El Estandarte Católico que sugirió que los araucanos podían ofrecer «un espectáculo guerrero» en Viña del Mar. Sus vestidos tradicionales y su «terribilísimo chivateo» convocarían a un público al que se le cobraría entre cincuenta centavos y un peso por la entrada. El entusiasta periodista estaba seguro de que todo Valparaíso y los pueblos aledaños asistirían por millares a participar del «espectáculo más imponente» que podía presenciarse en vida. Con cuatro presentaciones, calculaba, podrían reunirse cerca de 120 000 pesos, suma que se destinaría a la organización de un nuevo cuerpo de infantería araucana o para algún otro regimiento que el Ministro de Guerra considerara pertinente348. 146

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