Guerreros civilizadores

únicas tareas que se autoimpuso la prensa chilena entre 1879 y 1884. Otra de las funciones que cumplió a lo largo de la guerra fue ejercer una estricta vigilancia sobre las labores de La Moneda y el comando militar destacado al norte. Desde mediados del siglo XIX en adelante, el periodismo se erigió en el representante de la opinión pública frente a los abusos del poder. Hay que recordar que durante la administración de José Joaquín Pérez se produjo una verdadera eclosión de la prensa político-satírica cuyo foco de atención fue el gobierno de turno344. La combatividad de la prensa chilena entre 1879-1884 no puede ser entendida, en consecuencia, sin tener en consideración el poder que esta ejerció en las décadas previas, en la guerra contra España y en la discusión pública en torno a las reformas constitucionales y al conflicto limítrofe con Argentina345. La violencia física y simbólica que se vivió en Santiago a raíz de la guerra contra España (1864-1865) y de la que dio cuenta Martina Barros de Orrego en un apartado de sus memorias se manifestó, también, en la caricatura que sobre aquel conflicto anticolonial fue publicada en la prensa popular346. En las décadas previas al enfrentamiento entre Chile, Perú y Bolivia floreció una prensa satírica que mediante el uso de cientos de caricaturas alcanzó su momento de gloria durante la Guerra del Pacífico. Los periódicos de caricaturas a los que me refiero, y cuyo aporte ha sido analizado en el trabajo pionero de Trinidad Zaldívar, fueron El Barbero, El Ferrocarrilito y El Corvo. En ellos, argumenta Zaldívar, la guerra se convirtió en un símbolo de fácil consumo, apoyado en una serie de imágenes y de metáforas. Estas hablaban, por un lado, de las modificaciones y adaptaciones de la información ofrecida por las autoridades públicas y, por otro, de la elaboración de interpretaciones asequibles a los no versados en asuntos bélicos. Así, la guerra fue simplificada para pasar a convertirse en un juego de niños, una riña entre personajes animalizados o un asunto donde lo que primaba era el romance u otras cuestiones de tipo sentimental (Zaldívar, 2008). Prosiguiendo con la tendencia a satirizar y feminizar al rival, la república peruana fue presentada en una de las caricaturas publicadas en El Barbero como una viuda de duelo llorando por la partida de su marido, el presidente Mariano Ignacio Prado. «El valiente Prado —señaló una de las leyendas del dibujo — ha huido a Europa». El hombre aparentemente más grande con el que contaba el Perú, a nivel de figuras políticas, puso pies en polvorosa diciendo «libre yo mi pellejo y el diablo se lleve a mi patria»347. 145

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