ni las contradicciones, los «hombres civilizados» fueron considerados como trabajadores, firmes de carácter, además de capaces de autocontrolarse, y «los hombres salvajes» representaron el mundo burdo de las bajas pasiones. En el artículo titulado «Piérola es verdaderamente patriota», el periodista de La Voz Chilena describió al presidente del país adversario como un hombre guiado por una «extraviada fantasía» y al pueblo peruano, bajo su cargo, como una «masa anónima» movida por los apetitos más primarios. En las caricaturas de El Corvo, el gobernante peruano apareció rodeado de mujeres, en una fonda al aire libre, con barriles de chicha y parejas bailando339. El Perú era un pueblo de hedonistas cuyo mayor problema era su resistencia a ser curado de una grave enfermedad. La crítica de la prensa se dirigió, en consecuencia, a la negativa peruana de aceptar la intervención quirúrgica que Chile les proponía y que pasaba por la amputación de su «dedo gangrenado». Lo que los ilusos peruanos en verdad reclamaban era una «mortal puñalada en el corazón»340. El discurso nacionalista-civilizador, del que se hizo gala la prensa chilena y que va asociado a toda guerra cívica, estuvo estrechamente asociado a la celebración de la virilidad de una república que se percibió como moralmente superior frente a sus adversarios. Perú y Bolivia, anotaba La Juventud de San Fernando eran «dos infames meretrices»341. «Sin crédito, sin valor y sin ningún patriotismo», difícilmente podían ser comparadas con un pueblo noble y generoso como el chileno. En una clara alusión a la legitimidad de la guerra cívica el escrito reiteraba el hecho de que la violencia de «todo ciudadano digno» estaba absolutamente justificada cuando «gobiernos infames y naciones carniceras violadoras de la ley» tenían la osadía de enfrentarse a Chile342. En el «Canto a la victoria», un poema publicado a raíz de la toma de la capital peruana y en la pieza «Chorrillos y Miraflores», Esteban Muñoz Donoso, articulista de El Estandarte Católico, hizo explícitos algunos de los elementos de género presentes en el discurso nacionalista modelado en la esfera pública de la república en armas343. La feminización y erotización de Lima, tema del que nos ocuparemos en el cuarto capítulo, tuvo por objeto caracterizar a la capital peruana como una mujer débil, humillada y pecadora. En resumen, una criatura inferior que era avasallada por la masculinidad del ejército vencedor. Colaborar con los esfuerzos de las asociaciones civiles y dotar al conflicto con Bolivia y Perú de una justificación ideológica no fueron las 144
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