Guerreros civilizadores

«civilizar» a los peruanos exhibía sin embargo sus bemoles, debido a que el Perú vivía amenazado por «una larga y dolorosa enfermedad», una suerte de locura delirante para la cual Chile afortunadamente contaba con la «camisa de fuerza» adecuada332. Debido a que la ausencia de «virtudes cívicas» era el origen de dicha «enfermedad crónica» que había llevado a los peruanos a un permanente «estado de anemia», era necesario que se les administrara «abundantes tónicos» y se aplicara ese «estricto y severo régimen de curación» que la ocupación chilena buscaba promover333. Los periodistas de La Actualidad coincidían en subrayar el hecho de que el Perú no era una nación y menos aún una república. El país ocupado desde enero de 1881 era simplemente un territorio poblado por tribus lugareñas entre las que predominaba «la disolución y el caos»334. La publicación de La Actualidad significó el traslado de la maquinaria ideológica chilena a la capital peruana. El objetivo principal del periódico fue hacer propaganda a favor de la firma de la paz con cesión territorial. Para ello fue necesario hegemonizar la esfera pública peruana, intensificar el discurso nacionalista y convencer a la opinión pública mundial (incluida la peruana) sobre las intenciones civilizadoras de los expedicionarios. «Como no solo escribimos para Chile y el Perú sino para la América entera, vamos a mostrar esos contrastes (entre Chile y Perú) por más que en su puntualización aparezca como poco generosa por parte del primero y sea un tanto odiosa para el segundo»335. En la explicación de las razones que habían llevado al nacimiento del diario, su corresponsal en Santiago subrayaba que «a pesar del humo de la pólvora y de las calumnias» era «indispensable» que los peruanos conocieran «el espíritu civilizador y organizador de Chile»336. Respecto a la tarea anterior, y suscribiéndose a un editorial de El Nacional de Buenos Aires, el diario señalaba que Chile no había vencido a un pueblo sino a «la corrupción y a la inmoralidad infiltrada en la sangre del Perú por las administraciones venales, por la anarquía y la subversión de todos los principios sociales y políticos». Era por ello que la tumba abierta por los chilenos se trocaría irremisiblemente en la cuna desde donde, por medio de su «trabajo regenerador» surgiría un nuevo Perú más «digno de la civilización» del siglo XIX337. Un «Lázaro purificado por el fuego de los combates y las lágrimas del infortunio»338. Para mediados del siglo XIX el republicanismo cívico empezó a imbricarse con conceptos propios de la experiencia burguesa occidental de corte liberal, entre ellos el trabajo, la austeridad y la autodisciplina. Dentro de esta línea argumentativa en la que obviamente no entraban los matices 143

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