Navegar en un «mar de oro» les había ocasionado a los peruanos «funestos resultados», entre ellos la ociosidad general. Mientras que las noches de las clases elevadas de Lima transcurrían entre «el champagne, la danza y los naipes», la de las bajas era dominada por «orgías continuas», olvidando ambas «todo hábito de trabajo». Vivir de fiesta en fiesta era costoso y fue por ello que los ricos se apropiaron de las arcas fiscales, cuyos fondos, de acuerdo al artículo, fueron dilapidados en las noches de carnaval en Chorrillos. Luego de mencionar una serie de gobiernos que seguían un patrón de corrupción muy similar, el artículo concluía afirmando que la única causa de las revoluciones y de las bancarrotas que azotaban de manera continua al antiguo virreinato era su riqueza exuberante327. «Escribimos —señaló el editorialista de La Voz Chilena— en uno de los lugares en donde existen inagotables manantiales de riquezas que hasta ayer explotó el Perú para alimentar su lujo de derroche de las rentas nacionales y la molicie de su cuerpo social». Aseguraba la nota que luego de la toma de los yacimientos salitreros por parte del ejército chileno, esa inmensa riqueza pasaría a ser administrada por los más «correctos principios económicos» de la austera república de Chile. Dentro de un escenario que era descrito como liberal, Chile, «en su bien sentada reputación administrativa», se comprometía a utilizar los recursos salitreros arrancados a sus corruptos vecinos en dar impulso al «progreso nacional» y además pagar todas «las trampas del Perú»328. Lo anterior guardaba sentido para el editorialista de La Esmeralda de Talca, quien sostenía al igual que muchos hombres de prensa que la misión de Chile era «castigar a los pueblos» que no supieron «aprovechar de sus dones» y que deshonraron al mundo con sus crímenes329. Resaltar la permanente corrupción del Perú, contrastándola con las virtudes de Chile republicano fue uno de los objetivos de La Actualidad, un diario que empezó a publicarse luego de concluida la toma de la capital peruana330. En el primer editorial del periódico de las fuerzas de ocupación chilenas —publicado el 20 de enero de 1881 en la imprenta del clausurado El Peruano— su director, Luis Castro, señalaba cómo la ocupación de Lima y «el cambio fundamental» que dicha situación había provocado en los «diversos órdenes de intereses políticos, sociales y comerciales» debía encontrar «eco y reflejo en el mundo de la actividad periodística». Castro justificaba su labor editorial en el Perú, la cual consideraba como eminentemente civilizadora, recordando «el abuso singular» que durante años había hecho los peruanos de «la palabra escrita»331. La tarea de 142
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