recuento de la batalla de Tacna antes de que el gobierno recibiera los partes respectivos, fomentaba con sus escritos «la discordia» en el seno de la corporación militar319. La prensa no hizo más que poner en evidencia situaciones que ya existían de antemano en el ejército, iluminando las rivalidades y carencias de las que dimos cuenta en el primer capítulo. Ese fue el caso de los documentos del Vicealmirante Williams Rebolledo, publicados por Caviedes, en los que se mostró descarnadamente no solo las enemistades que carcomían a la marina sino la personalidad presuntuosa e impulsiva de su comandante en jefe320. El problema para José Francisco Vergara, quien también recibió los ataques de los hombres de pluma, era lo vulnerable de la opinión pública. Antes de estudiar, de meditar e incluso antes de leer aquella estaba atrapada en «una polvareda oscura» de acusaciones violentas, de amargas quejas y de irritantes insinuaciones (Errázuriz, 1882, p. 2). Benjamín Vicuña Mackenna fue, qué duda cabe, el más importante representante de la prensa en armas. Gran convencido del «destino manifiesto» de Chile en el Pacífico Sur, el senador por Coquimbo no estuvo nunca en el frente de batalla, sin embargo fue su pluma incisiva la que permitió que la guerra que él también planteó como cívica llegara a los hogares de millares de chilenos. El objetivo del asiduo colaborador de El Ferrocarril y de El Nuevo Ferrocarril fue ventilar públicamente cada decisión de La Moneda, discutiendo con sus lectores las repercusiones que estas podían tener en las vidas de los miles de soldados destacados al frente de batalla. En su disputa abierta con Pinto, su rival en las elecciones de 1876, Vicuña Mackenna amasó, como veremos en el cuarto capítulo, un gran prestigio como publicista. Esta posición lo convirtió en una de las voces mas autorizadas de la sociedad civil chilena durante el conflicto con Bolivia y Perú. Un manejo inteligente de una variedad de documentos reservados (partes militares, cartas de soldados, papeles extraídos al enemigo), le permitió fortalecer el espacio de la opinión pública en oposición a la voz oficial de la guerra representada por la prensa afín a La Moneda (Mc Evoy, 2009). Más allá de los problemas internos que pudo causar, la prensa asumió como suyas dos tareas fundamentales: la primera, explicar claramente al lector promedio las razones por las cuales Chile iba a la guerra y la segunda, brindar un perfil del enemigo. La «cobarde traición» de Perú, que firmó un pacto secreto con la «degradada y sanguinaria» Bolivia empujó a una «república honrada y trabajadora» a optar entre dos caminos 139
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