Arteaga al presidente Pinto a pocos meses de la declaratoria, y ello no podía obtenerse tan solo «con las bravatas de la prensa»316. La permanente intromisión del periodismo en asuntos considerados por los «directores supremos» como extremadamente reservados puede ejemplificarse en la labor del corresponsal de guerra Eloy Caviedes y en la del político y periodista Vicuña Mackenna. En una carta escrita por Domingo Santa María a José Antonio Soffia, el entonces presidente se quejaba amargamente de la actitud temeraria del primero, a quien acusó de leer los «más íntimos telegramas» y aun «las instrucciones oficiales» para luego publicarlas en El Mercurio de Valparaíso. «Tengo a la vista —escribió Santa María— una correspondencia de Caviedes, que es un tejido de temeridades, de acusaciones y de increpaciones». Era necesario tener «una dosis de hiel superior a la sangre humana» para juzgar la labor del gobierno y del ejército de ocupación de manera tan superficial e irresponsable. Caviedes, quien, de acuerdo a Santa María, aseguraba a sus lectores que Chile sería derrotado en Arequipa, se vanagloriaba de poseer información de primera mano, obtenida no solo de fuentes chilenas sino de informantes peruanos y bolivianos317. El comando militar se quejó constantemente ante La Moneda por la intromisión del periodismo en los asuntos bélicos. Más aún, algunos generales, como fue el caso de Baquedano, señalaron que los periodistas eran responsables de una campaña cuyo objetivo era deslegitimar al ejército nacional. En una carta enviada a La Moneda a pocos días de la batalla de Tacna, el militar subrayaba «la estrategia de la pluma» de algunos diarios respecto a ese trascendental evento. Baquedano exhibió su desdén hacia los periodistas que intentaron minimizar su victoria y lo acusaron de una serie de errores militares. Los «generales cucalones», observaba el triunfador de Lima, lo tenían simplemente sin cuidado. Contando con el apoyo del país, del gobierno y de sus compañeros de armas, las criticas no le interesaba en lo más mínimo318. Eso, sin embargo, no fue del todo cierto. En agosto de 1880 el general volvió a escribir a Santiago para comunicarle a Pinto que había ordenado la detención de Caviedes, a quien acusó de «difamar públicamente» al ejército y de publicar los partes militares de la batalla de Tacna. Consideraba que la presencia del corresponsal de El Mercurio de Valparaíso en los campamentos militares era inaceptable, debido a que ponía en peligro la disciplina de soldados y oficiales, además de la seguridad nacional. El comando militar opinaba que Caviedes, a quien se le acusó de publicar un 138
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