canción patriótica en la plaza de armas309. A raíz de estos episodios, la prensa provinciana convocó a la ciudadanía a participar en la guerra sin temerle a la muerte310 y además publicitó los donativos hechos por los vecinos de la localidad311. Sin embargo, la noticia que cubrió los titulares fue la labor del batallón regional Colchagua. El deseo del periodismo local era que los hijos de la provincia tomaran parte en «el banquete de la gloria», para dejar bien en alto el nombre de la localidad312. El estandarte del batallón Colchagua, que recibió el bautismo de fuego en Cerrillos y Los Molinos de Ica, fue descrito en los periódicos locales como «una rica tela de azul turquí llevando en el centro una estrella bordada al realce con hilo de plata y en el centro de la estrella coronitas de piedras preciosas». Por el amor a su provincia, representada en su hermoso estandarte, murieron los hijos de Colchagua como Froilán Guerrero, quien cayó abatido en el asalto a Pisagua313. La prensa, tanto local como santiaguina, se enfrascó en una pugna intensa con su par peruana. De esa manera el conflicto entre Chile y Perú adquirió una dimensión cultural que permitió encumbrar al periodismo chileno, cuya superioridad, se creía, iba paralela a los triunfos en el campo de batalla. Sería imposible, afirmó un editorial de La Juventud, prestar oídos a las columnas de la prensa peruana. El «variado vocabulario del insulto bajo, vil, cobarde e insolente» había sobrepasado todos los límites imaginables. Debido al hecho de que los peruanos no podían herir con sus cañones, ahora estaban dedicados a remitir cada quincena «un ramillete de denuedos e injurias» que permitían revelar «un olor» y «una originalidad esencialmente peruana». Lo que quedaba claro para los periodistas de La Juventud era la superioridad del periodismo nacional. La «altura» alcanzada por la prensa en Chile, se evidenciaba en su respetabilidad, seriedad y buen nombre adquirido en el extranjero. La razón de esta notable situación provenía de la combinación del buen comportamiento de los hombres prensa y el acierto con el que se condujeron las operaciones militares314. El Perú había sido arrastrado al abismo por sus periodistas; la prensa, opinaba un editorial del diario provinciano, estaba al nivel de las aspiraciones de ese pueblo «inquieto, turbulento y envilecido» al que le daba voz y opinión. Chile, en contraposición, debía sostener una prensa independiente; una prensa seria, amiga del progreso y la cultura315. Esa opinión tan optimista sobre la prensa nacional no fue compartida por todos los chilenos, en especial los miembros más destacados del comando expedicionario. «El país quiere triunfos seguros», le señaló el general Justo 137
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