Guerreros civilizadores

sanitario, adaptándolo a la difícil situación económica de Chile. Luego de hacer un recuento detallado de la labor organizativa del comité, Díaz relevó el enorme esfuerzo que desplegó cada uno de sus miembros. De acuerdo al decano de la facultad de medicina, la buena marcha de las ambulancias fue afectada por una combinación de factores, entre los que destacaban la falta de disposición de los jefes cirujanos, el incumplimiento del reglamento del servicio sanitario y los «entorpecimientos» ocasionados por los jefes militares. A pesar de que las ambulancias fueron dotadas de medios propios para que no dependieran del Estado Mayor, las batallas de Tacna y Arica probaron que una serie de problemas estructurales seguían complicando su buen funcionamiento. En virtud de ello, el comité sanitario solicitó un informe pormenorizado de lo ocurrido en Tacna, información que nunca les fue enviada por el gobierno, el cual en vista de las evidentes deficiencias en el servicio sanitario dio inicio a una reforma sobre la cual Díaz y el comité sanitario discrepaban. La militarización del esfuerzo civil, una situación de la que se quejaron muchos médicos, fue denunciada por Díaz, quien le recordó a Echaurren que el servicio médico-quirúrgico siempre fue civil y que nunca estuvo organizado por la ordenanza militar. Dentro de ese contexto, Díaz también criticó lo que consideró como la «mala costumbre» de considerar a los cirujanos de los cuerpos como cirujanos militares. La comunicación enviada por Díaz a Echaurren muestra con absoluta claridad el deslinde que hizo la comunidad médica santiaguina frente a un Estado que, en aras de las necesidades propias de toda guerra, expropió sus ideas y sus esfuerzos, además de los recursos de los miles de chilenos que les confiaron su tiempo, sus energías y su dinero. El intento de la asociación civil por despojar al gobierno, en especial al ejército, de ese halo civilizador asociado al servicio de ambulancias se pone de manifiesto en la sección final de la nota enviada por Díaz al funcionario estatal. Los problemas evidenciados en el sistema sanitario recientemente reformado echaban por la borda la idea, publicitada por el gobierno, de que la guerra era «el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza». Para que el ejército nacional lograse emular al de las naciones civilizadas era necesario que tuviera un servicio sanitario como el de ellas, lo que para Díaz no ocurría en Chile304. IV. PRENSA, OPINIÓN PÚBLICA Y PROPAGANDA BÉLICA 135

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