Guerreros civilizadores

una nueva dimensión si se toma en cuenta el propósito inicial del comité, que fue el de llevar cierta dosis de civilidad al territorio brutal de la guerra. Las obvias deficiencias en el servicio médico determinaron que el gobierno diera inicio a su reorganización. En diciembre de 1879 se designó como nuevo jefe al presidente de la Sociedad Médica de Santiago, Ramón Allende Padín, un nombramiento que puede ser interpretado como un claro intento del Estado por ejercer un mayor control sobre la labor del personal sanitario. En ese contexto resulta muy iluminadora la carta que Rodolfo Serrano, un médico destacado en Tacna, le escribió a Vicuña Mackenna. Para Serrano resultaba muy difícil encontrar una sola causa que pudiera explicar el descontento que reinaba entre los cirujanos primeros, los cirujanos segundos, los practicantes, farmacéuticos y contralores que prestaban sus servicios en las ambulancias. A pesar de que desde su creación el servicio sanitario fue considerado como «una organización civil», esa importante premisa comenzó a cambiar luego de que los médicos y sus asistentes ocuparon sus puestos dentro de la nueva entidad destinada al frente de batalla. Así, cirujanos y practicantes se convirtieron en médicos militares porque convenía a sus intereses, porque encontraron apoyo entre sus jefes respectivos y, en fin, porque gozaban de más libertad y tenían las prerrogativas de los uniformados. Al no encontrar los médicos un jefe enérgico que los hiciera salir de ese camino más bien castrense continuaron en las nuevas posiciones adquiridas como «cirujanos militares». La reorganización del servicio sanitario fue la culminación de una serie de cambios por los que atravesó la asociación médica en su colaboración con el ejército en campaña. Para el doctor Serrano, el problema central era la ausencia de autonomía de los jefes del servicio sanitario, quienes muy pocas veces pudieron hacer sentir su «soberanía» sobre los cirujanos y los practicantes de sus cuerpos303. El contenido de la nota enviada el 22 de octubre de 1880 por el presidente de la comisión sanitaria, Wenceslao Díaz, al Intendente General del Ejército, Francisco Echaurren, brinda nuevas luces sobre la compleja relación entre la sociedad civil y el Estado en el escenario de una guerra de dimensiones colosales. A propósito de la reorganización del servicio médico en campaña, Díaz le recordó a Echaurren que quienes estudiaron y organizaron el servicio médico para servir al ejército en campaña fueron los civiles. Aquella cruzada cívica, liderada por los médicos, transcurrió conforme a los dictados de los «países más adelantados» del mundo. Para hacerla efectiva fue necesario modificar ciertos aspectos del servicio 134

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