canónigo Pérez, la que socorrió a los chilenos caídos en combate. En Dolores el «hospital volante» llegó con un esfuerzo enorme al campo de batalla. Desgraciadamente por estar ubicado a la vanguardia del ejército perdió todo su material en un incendio voraz producido por el fuego enemigo. Los heridos en Tarapacá no contaron con el servicio de ambulancias, y el resultado fue que centenares de ellos «permanecieron tirados dos o tres días en el campo de batalla» y llegaron al hospital de Iquique en muy mal estado de salud. En el combate de Los Ángeles el ejército no contó con ninguna ambulancia, aunque una fracción de uno de sus cuerpos llegó dos días después del enfrentamiento armado. En el «terrible encuentro de Tacna», en el que combatieron veinte mil hombres, no se vio a las ambulancias desplegar una sola carpa, con el resultado de que dos días después del combate quedaban todavía por recoger más de cien heridos que yacían moribundos en el campo de batalla. Otra hubiera sido la situación, opinaba el «herido de Dolores», si se hubiesen armado las cuatrocientas o quinientas carpas con las que contaba el ejército de Chile. Constatar públicamente el hecho irrefutable de que las ambulancias chilenas «brillaron por su ausencia» en las principales batallas de la campaña terrestre le permitieron al corresponsal de Benjamín Vicuña Mackenna afirmar que el gran esfuerzo de la sociedad civil, contabilizado en cien mil pesos, fue totalmente defraudado por el gobierno301. Fidel Luna, 17 años. Soldado del batallón Concepción Trabajos como el de Isidoro Huete y Nancy Miño Thomas corroboran lo expresado por muchos de los médicos que participaron en la guerra302. La desorganización de las ambulancias chilenas, un tema que se ventiló durante varios meses en los periódicos capitalinos y provincianos, adquiere 133
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx