Guerreros civilizadores

Havre, Zúrich, Lyon y Burdeos, se dio también inicio a una suscripción a favor de las ambulancias liderada por los residentes chilenos en Francia. Como producto de ese aporte, un cargamento valorizado en 44 000 francos, entre los que destacaban cinco coches de ambulancias, cincuenta artolas, cien camillas, veinte botiquines, mil astelas, tres sacos de ambulancia, tres cajas de cirugía, dos mil kilogramos de hilas y una tienda con docenas de camas, partió en el transporte Potosí con rumbo a Valparaíso297. El 25 de abril de 1879, «en medio de un gentío inmenso», partió desde Valparaíso la primera ambulancia con rumbo al norte. Su misión, de acuerdo a un diario local, era «volver a la vida» a los soldados que «el plomo enemigo» convirtió en «héroes de la patria». Alfredo Edwards, uno de los principales gestores del servicio de ambulancias, salió ese día de su casa junto con varios miembros del comité sanitario de la ciudad. Una banda de música los acompañó en su procesión hasta el muelle, donde los esperaban alrededor de tres mil personas reunidas para despedir a un grupo de civiles decididos a compartir con el ejército sus fatigas y privaciones. «Jóvenes entusiastas y patriotas que lleváis al campo de batalla la primera ambulancia enviada por el generoso pueblo de Valparaíso a nuestros denodados soldados del Norte, partid en nombre de Dios», fueron las palabras con las que el presbítero Salvador Donoso comenzó su alocución dirigida al personal de la ambulancia Valparaíso, a cargo del doctor Teodosio Martínez Ramos. La tarea del servicio sanitario, de acuerdo a Donoso, era marchar a la sombra del ejército para mitigar muchos dolores, vendar muchas heridas y enjugar muchas lágrimas. Con abnegación y sacrificio, el deber de los médicos y sus asistentes era recoger a los heridos y conducirlos sobre sus hombros a la «tienda hospitalaria». Un lugar donde, en sus palabras, la muerte sería permanentemente desafiada298. La labor que Donoso le encomendó al equipo del doctor Martínez fue en verdad muy complicada. Cabe recordar que el currículo de la Escuela de Medicina no contemplaba el estudio de la medicina militar, cuyas tareas eran muy diferentes a las que podía encontrar un médico en la vida civil. La preparación de los estudiantes era insuficiente y la de los médicos recibidos no era mucho mejor (Huete, s/f). Víctor Korner, uno de los tantos jóvenes galenos que ofrecieron sus servicios durante la guerra, brindó un detallado recuento del tipo de prácticas hechas por los voluntarios destacados al frente de batalla. Debajo de «unas medias aguas de planchas de fierro galvanizado», ubicadas al pie del hospital San Juan 131

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