Guerreros civilizadores

White», con la cual la compañía en pleno dio por finalizada su actuación280. Una fiesta popular al aire libre precedió la bendición del estandarte del comité santiaguino. La insignia ingresó a la iglesia matriz de Talca en manos del intendente y, luego de que fuera consagrada por el párroco y «engastada de billetes» por miembros de la concurrencia, abandonó el templo en medio de tres descargas de fusil. En la plaza, un tabladillo esperaba a los participantes del evento central. Durante varias horas los talquinos fueron testigos de un torneo de oratoria patriótica en el que destacó el discurso del señor Pleiteado, quien «puso en ridículo» a los peruanos, causando la hilaridad de la concurrencia. A manera de anécdota cabe mencionar que una mujer fue llevada a la estación de policía por haber tratado de arrebatarle algunos «billetitos» al estandarte de los patriotas281. Talcahuano, al igual que las otras provincias vecinas, vibró con la caravana artística de los jóvenes que, en palabras de un periodista provinciano, solicitaban de ciudad en ciudad «un óbolo para la salvación de la patria». En la misma noche de su recibimiento los artistas ofrecieron su primera representación en el local de la escuela de niños. Un programa similar al de Talca concluyó entre «aplausos estrepitosos» y el entusiasmo de una concurrencia que no dudó ni un momento en acompañar a los miembros del comité hasta sus respectivos alojamientos282. En Chillán la caravana artística fue recibida por seis mil personas y esa misma noche sus miembros ofrecieron su presentación a la que asistió la crema y nata de la sociedad chillaneja. Al levantarse el telón, los veintidós palcos estaban totalmente ocupados y en la galería no cabía ni un alma. La actividad del comité patriótico y del comité Manuel Rodríguez que llevó a sus miembros a través de una gira multitudinaria por las ciudades más importantes del Valle Central y sus alrededores es un claro ejemplo de la revitalización de la esfera pública y del surgimiento de un asociacionismo intraprovinciano, estimulado a partir de los esfuerzos que emprendieron una serie de entidades sociales y la prensa a favor de la causa bélica. La labor de los artistas y la fascinación de un público que se agolpó en los andenes de la estaciones del tren para recibir a sus ídolos locales y luego asistió a sus conciertos patriótico-literarios puede relacionarse también con aquel concepto que, para el caso británico, Michael Paris ha denominado the pleasure culture of war (la cultura de la guerra como placer). El interés nacional británico —y aquí podríamos añadir el chileno de la región del Valle Central— en guerras que se 127

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