semana271. Los vecinos de Lomas Bayas, donde el correo llegaba tres veces por semana, consideraban que ellos y los de la localidad de Loros debían esperar «demasiado tiempo» por las noticias que venían desde el frente de batalla y que afectaban a todos los chilenos272. A partir de 1879 algunas de las provincias chilenas experimentaron la intensificación de sus labores burocráticas, lo que se vio reflejado en pedidos concretos de ayuda al gobierno central. En el caso de Colchagua su solicitud fue para cubrir «los gastos de escritorio». Estos, señalaba el oficio, habían «aumentado considerablemente» como consecuencia de la infinidad de trámites que se hacían en la localidad, especialmente las reclamaciones de los haberes devengados de las viudas de los soldados273. La solicitud para contratar un empleado en Linares, por otro lado, fue justificada con el argumento de que la atención de las decenas de licenciados y deudos que llegaban diariamente a la oficina había aumentado la labor de la intendencia de manera notable274. Las tareas relacionadas con la organización del enganche, una actividad que desbordó al empleado de la oficina de Cauquenes275, generaron una economía de abastecimiento a los reclutas cuya dinámica aún no conocemos. Dentro de ese contexto, ciertos donativos revirtieron de manera directa en la provincia, como fue el caso los 425 pesos y 17 centavos de erogaciones que Federico Echaurren devolvió a Copiapó para que ese dinero fuera utilizado en su hospital de sangre276. Fondos provenientes de Santiago revitalizaron la economía provinciana de manera indirecta. Por la reparación de una fábrica de curtiembres en Colchagua que pudiera acoger al batallón movilizado Rengo, el intendente Soffia recibió 311 pesos del gobierno. En una comunicación interna Soffia pidió que parte del material destinado a ese edificio fuera usado en la construcción de un matadero municipal para San Fernando277. Una mirada a la gira literario-musical, esa suerte de caravanas patrióticas que realizaron en conjunto los miembros del comité patriótico de Santiago y el comité Manuel Rodríguez de Talca permite aproximarse, desde otro ángulo, a la vida asociativa provinciana, explorando la manera como esta se interconectó con otras experiencias afines. El foco de atención de mi análisis es la circulación de ideas, de personas y de dinero entre ciertas regiones de Chile, especialmente en la zona del Valle Central y sus alrededores, luego de la declaratoria de guerra. Descrita como una asociación formada por «entusiastas jóvenes» santiaguinos cuyo objetivo era «recorrer la república de un extremo a otro» llevando al «corazón del 125
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