Guerreros civilizadores

fondos recolectados por el Comité Patriótico, el comité Manuel Rodríguez y por la Sociedad de Socorro a las Viudas y Huérfanos de la Guerra267. En una provincia menos rica como Ancud, lo recaudado durante el primer trimestre fue 604 pesos y 15 centavos. De esa cantidad una parte fue en metálico (524,15 pesos) y una más pequeña en especies (equivalente a 80 pesos). En la cifra anterior debieron incluirse los 59 quintales de «excelente chuño» de papa chilota que el pueblo ancuditano envió para la alimentación de los expedicionarios268. Un novillo gordo de Huemul, que quedó depositado en el cuartel de la policía de San Fernando, afrecho, nueces, aguardiente, ciruelas secas, harina flor y tostada, fueron algunos de los bienes donados por Colchagua a sus compatriotas que peleaban en el norte durante los primeros meses de la guerra269. A ese donativo había que agregar las cien fanegas de frijoles, de trigo y de maíz, además de «veinte bueyes gordos» que regaló un comerciante alemán a su «patria adoptiva»270. La guerra colaboró a que las provincias definieran una serie de objetivos concretos, revitalizó sus magras economías, expandió sus sistemas burocráticos y las hizo participes de un debate nacional en el cual lo que se discutía era el futuro de Chile. Si bien resulta obvio que dicha tendencia no surgió durante la Guerra del Pacífico, nunca antes en la historia de la república sudamericana las capacidades locales fueron empleadas de manera tan eficiente en la estructuración de comités de apoyo y en la puesta en marcha de una compleja red organizacional y logística para cubrir las demandas de una pléyade de actividades. La prensa construyó un sistema comunicacional mediante el cual cada pequeña localidad fue informada en detalle de lo que ocurría en el frente de batalla y en la vida cotidiana de sus vecinas. El diálogo constante e intenso al interior de las provincias, entre ellas mismas y con Santiago muestra la eclosión de la vida asociativa y el ensanchamiento de la esfera pública que la guerra promovió. En un escenario donde estar informado de lo que ocurría en el norte era una cuestión fundamental, es posible entender la queja de un grupo de vecinos de la comuna de La Florida en el departamento de Puchacay, así como la protesta de los habitantes de Lomas Bayas en la provincia de Atacama. Los primeros escribieron una carta abierta en su periódico local para quejarse por el aislamiento en el que se encontraban. A un paso de la capital provincial, envueltos en una guerra con un país extranjero y pagando una «gruesa contribución» a la causa nacional, era «una verdadera injusticia, opinaban, que solo tuvieran correo una vez por 124

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