A las colectas por barrios de objetos para la «rifa patriótica» tales como cuadros, canastillos de flores, matas de madreselva, juguetes, corbatas, chales de seda y libros, debe agregarse la administración por parte del comité de damas copiapinas de una mesa al estilo de «la olla del pobre» de Valparaíso. En ella fue posible alimentar de manera regular a un gran número de repatriados que llegaron del norte261. Entre los óbolos ofrecidos a los soldados por aquellas mujeres que la prensa nacional bautizó como las «ángeles de paz y de consuelo»262, destacaron «unos saquitos de curación»263 para ser repartidos a cada uno de los miembros del batallón Atacama que marchó al Litoral264. En Chimbero, donde el entusiasmo por la guerra rayó en el «frenesí», se formó además del conocido bazar una sociedad dramática cuya finalidad fue estrenar obras de autores nacionales. Las entradas, que costaban 25 pesos, fueron donadas íntegramente al fondo de la guerra265. La lectura de la carta enviada al intendente de Copiapó Guillermo Matta por los vecinos de Cerro Blanco permite entender el sistema mediante el cual los fondos recolectados en la provincia llegaron a su destino final. Los miembros del comité de ayuda local enviaron a su respectiva autoridad la lista de donantes acompañada de una letra contra la Casa Gibbs de Valparaíso por la cantidad erogada. El donativo sumaba 374 pesos, sesenta centavos y los donantes esperaban que, luego de llegar a la tesorería general, su óbolo fuese destinado a los gastos de la guerra. Era el deseo de los vecinos que el dinero ayudase en especial al «cuerpo de voluntarios y cívicos de Copiapó»266. Los donativos al ejército expedicionario no se redujeron a dinero en efectivo. El informe presentado por la Intendencia de Talca a la comisión central de donativos de Santiago permite hacer un estimado tanto del dinero como de la colaboración en especies enviada por esa provincia entre febrero y diciembre de 1879. De la suma colectada por la junta de subsidios, que sumaba 12 239 pesos, una parte fue al proyecto de adquisición de una nueva «Esmeralda», otra a la erección de un monumento en honor a Prat, y otra no menos importante para colaborar en los gastos del batallón cívico y de los «Guardianes del Orden de Talca». Entre los donativos en especies enviados desde la región del Maule cabe destacar un centenar de caballos, una veintena de animales vacunos, trece cajones de material curativo para las ambulancias, cien colchones, cien almohadas, noventa y cuatro quintales de queso y treinta de charqui, doscientos sacos de cereales, tres cajones de frutas secas y diez suelas para correajes. En la lista que llegó a Santiago no figuraban, sin embargo, los 123
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