al interior de ese país y la expedición sobre Arequipa aumentarían «en notable proporción los huérfanos y las viudas», los que ya no tendrían ningún consuelo «para sus lágrimas, para su hambre y para su miseria». La Memoria de Walker Martínez señalaba, asimismo, cómo la creación de la Oficina de Tramitaciones, encargada de ayudar en la formación de los expedientes de los caídos en combate, los había privado de una de sus tareas más importantes. Con un Estado que dio inicio a la burocratización de la ayuda social, lo único que les quedó a los socios de La Protectora fue el territorio de la información y de la publicidad. «No será por nuestra culpa, pues hemos tocado todas las puertas y arbitrado todos los recursos posibles» fue la frase que selló esa suerte de memoria y despedida de una de las asociaciones civiles más importantes que surgieron al fragor de la Guerra del Pacífico (Sociedad de Socorros La Protectora, 1884, pp. 9-10). b) Una red solidaria de dimensión nacional La Protectora no fue la única asociación que asumió el encargo de canalizar el enorme esfuerzo de la sociedad civil que fue centralizado por la comisión de donativos con sede en Santiago258. Asociaciones como el Comité Patriótico de Santiago y el Manuel Rodríguez, el Asilo de Patria259, el comité sanitario, entre otras, constituyeron el frente interno de la Guerra del Pacífico. Diferentes métodos fueron utilizados para captar fondos a lo largo y ancho del país. En el período entre 1879 y 1881 se organizaron bazares, rifas, funciones de teatro, zarzuelas, conciertos, comidas y se corrieron subscripciones en especies y en metálico para solventar los gastos del ejército en campaña. Cada comité local de donativos —el núcleo sobre la cual se asentó una compleja maquinaria de ayuda destinada al frente externo— mandó publicar en la prensa santiaguina y provinciana las largas listas de los donantes. El Constituyente de Copiapó, al igual que sus pares provincianos, fue uno entre los tantos espacios que articuló y publicitó el esfuerzo bélico local. A través de sus páginas, el diario dio cuenta minuciosa de la actividad filantrópica de la mayoría de los pueblos que como Caldera, Chimbero, Yumbel, Garín, Cerro Blanco, entre otros, se integraron a una red solidaria de dimensión nacional. En Caldera, un pueblo que dijo estar «a la vanguardia en caridad y amor a la patria», una junta de señoras trabajó activamente en el bazar de la provincia, cuyos beneficios fueron destinados a aliviar las necesidades de los expedicionarios260. 122
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