era que agotaba al enemigo, lo que facilitaba su destrucción. Dentro de ese contexto, los legionarios hicieron suya la tarea de cansar con sus «continuas escaramuzas» al oponente abriendo el camino para que los nacionales ejecutaran el ataque a unas tropas rendidas «de tanto velar». El uniforme de la milicia, que era de «color oscuro y de extrema sencillez», guardaba relación con la nocturnidad de sus acciones, pero también con su difícil tarea que consistía en destruir y reconstruir puentes, fosos, planear emboscadas, derribar árboles y romper trincheras. A diferencia de lo ocurrido con las milicias provincianas, las que fueron vestidas y apoyadas por sus respectivos pueblos, la Legión Extranjera solicitó al gobierno de Pinto su uniforme, su alimento y un local donde hospedarse mientras se organizaba el reclutamiento de los voluntarios. «Atendiendo a que la economía» era la mayor necesidad de la guerra, sus organizadores calcularon sus gastos con sumo detalle y enviaron un aproximado de ellos a La Moneda. Lo que debía quedar muy claro era que sus «aguerridos» y experimentados milicianos no pelearían por patriotismo sino por aventura y por las «necesidades de la vida». En virtud de ello, la sugerencia de Bouquet y de los otros encargados del reclutamiento era que se les halagara con «una esperanza cualquiera». La idea era ofrecer a cada legionario una cantidad determinada en el momento del embarque del batallón al norte240. A pesar de declarar a Chile como su segunda patria y a «la causa de la civilización y la del respeto de los compromisos internacionales» como su ideario, la Legión Extranjera representa una forma alternativa de la guerra cívica. Los legionarios que ofrecieron sus servicios al Estado chileno pelearon por dinero y no tuvieron ningún reparo en admitirlo. Teniendo en cuenta lo anterior, es posible afirmar que mientras que la cultura del bien común modeló el comportamiento de las milicias provincianas, algunos de cuyos miembros murieron defendiendo el estandarte de su regimiento, la guerra permitió también el fortalecimiento de una nueva sensibilidad de corte mercenario. La visión utilitaria de la vida a la que Santa María y ciertos sectores liberales se adscribieron y que parece tan lejana de la cultura corporativa que también fue representada en la Guerra del Pacífico, no estuvo circunscrita al accionar de los soldados de fortuna que se ofrecieron, previo pago, a pelear, por Chile241. La manera pragmática de relacionarse con el otro fue el producto de los eventos que, desde mediados del siglo XIX en adelante, transformaron de manera profunda las estructuras económicas, políticas y sociales de Europa y América. 116
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