Guerreros civilizadores

hicieron al Colchagua, y también muestra el fuerte sentido de identidad que exhibió la milicia provinciana. El Colchagua, «un cuerpo de valientes que debía vender muy cara su existencia», partió a la guerra bajo el comando del intendente de la provincia. En el transporte Loa que los llevaría a la zona reivindicada, los colchagüinos y su comandante Manuel José Soffia sintieron ser parte de «una escena desconocida y desgarradora» en la cual eran «espectadores mudos» y «sin saberlo siquiera» también participantes. Lo anterior muestra la gran tensión entre una identidad particular y ese mundo imprevisible y amenazador que inevitablemente terminaría por absorber a los miembros de las milicias provincianas en un colectivo abstracto llamado ejército expedicionario de Chile. Regimiento «Colchagua» en Lurín, 1880 Tal como los otros batallones mencionados con anterioridad, el Colchagua se propuso reforzar su identidad particular y para ello hizo evidentes sus propios logros. Los ejercicios diarios realizados en Antofagasta, donde se treparon cerros de difícil acceso, era, de acuerdo a Krug, «una difícil prueba» que les otorgaba no solo prestigio sino que mostraba antes propios y extraños la superioridad física de los colchagüinos frente a los demás batallones238. Ser reconocidos públicamente por sus cualidades era el momento supremo de cada batallón provinciano. En la arenga pronunciada por Alejandro Gorostiaga en frente de los miembros del Coquimbo, el general subrayó, momentos antes del inicio de la batalla de Tacna, el buen comportamiento de la milicia provinciana. Esa conducta la hizo merecedora de «un buen nombre en el ejército» expedicionario. Su recomendación final para los hombres que ingresaban al combate fue que caminaran en línea y siempre miraran a su estandarte, colocado al centro del batallón (Vargas Machuca, 1927, II, p. 301). De esa manera el estandarte local se convirtió en una suerte de brújula para los centenares de 114

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