declarar la guerra a «un gobierno desleal y sin fe como el boliviano» y a una nación que por no respetar los pactos no merecía ser tratada como tal. Chile había sido insultado y burlado en sus derechos, pero principalmente en su honor. Fernández recurrió al pasado histórico de los talquinos en tiempos de las guerras de independencia. «Mostrad al mundo entero que no habéis desmentido a tan bravos héroes como fueron vuestros padres. Mostrad que sois dignos descendientes de tan ilustre generación y que la sangre que circula por vosotros es la misma de los bravos del año 10»232. El paradigma establecido por los padres fundadores obligaba a «arrastrar todas las penalidades y a perecer en los campos de batalla» para mantener la integridad y la honra nacional. Después de confesar que sus palabras distaban de obedecer las reglas de la oratoria tradicional, Letelier subrayó, por otro lado, el tema del pacto secreto urdido contra Chile en «las sombras de la oscuridad». Esta afrenta se debía a que las repúblicas vecinas no soportaban que Chile tuviera un grado de civilización muy superior al de ellas. Como todo buen republicano, el chileno era un ser cuerdo, trabajador, valiente y esforzado, cuyo único objetivo era llevar una vida independiente al margen del presupuesto público, lo que lo hacía muy diferente de sus atrasados vecinos. Ante el «guante de la provocación» arrojado en su cara, a Chile no le quedaba otra salida que probar al mundo entero que la nación se mantendría fiel al recuerdo de las glorias inmortales de Chillán, Rancagua, Chacabuco y Maipú. «Pueblo de Talca —señaló Feliú Gana— no empañéis las gloriosas páginas de vuestra historia. Inspiraros en los grandes hechos de vuestros antepasados y procurad no desmentir sus gloriosos antecedentes». El orador trajo a la memoria las jornadas de 1859, en las que Talca acudió en la defensa del honor de la república, pero también recordó, tal como lo hizo Errázuriz en Valparaíso, que los milicianos chilenos eran los «dignos descendientes de los que humillaron» los pendones peruanos «en Buin y en Guía, en Casma y en Yungay»233. La entrega del estandarte a la milicia selló la asociación de esta con su legado histórico, reafirmando a la vez el compromiso de los cívicos con la provincia y con la nación en armas. En el caso específico del batallón Valparaíso, formado por la guardia municipal porteña, su insignia les fue entregada en una ceremonia especial en la plaza de la Intendencia. La bandera, que por cuatro décadas estuvo depositada en la sala consistorial de la ciudad portuaria, fue la misma que, entre 1838 y 1839, llevó al Perú el primer batallón Valparaíso. El estandarte flameó victorioso en la 110
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