Guerreros civilizadores

del Asia, el vínculo histórico entre la nación chilena y los remotos orígenes del «primitivo Chilli». Pueblo «celoso de sus fueros, de su honor y de su soberanía», durante la etapa colonial, a Copiapó le correspondió durante la Emancipación el honor de ser el primero en pedir la declaración oficial de «la soberanía e independencia del Estado chileno» (Figueroa, 1881, pp. 325). Un «centro activo de propaganda y de acción cívica» durante la Guerra del Pacífico, «el pueblo atacameño» dio inicio a su cruzada bélica militarizando a su cuerpo cívico, a su brigada de bomberos y promoviendo el reclutamiento entre sus vecinos. Mientras ello ocurría, los periodistas copiapinos publicaron decenas de artículos en los que se celebraban los triunfos de Chile. Sin embargo, el «patriótico pensamiento» atacameño fue recibido con «indiferencia, hasta con desdén, en La Moneda». El asunto no era solo la falta de confianza que mostró la capital respecto al aporte que podían darle a la patria los mineros del norte, sino su «miedo» de «adiestrar en el manejo de las armas» a un pueblo que tanto en 1851 como en 1859 supo «salvar el principio de la soberanía» mediante «el tumultuoso mar de la revolución constituyente». El «hiriente y gratuito ultraje lanzado desde las alturas del poder al pueblo de Atacama», a quien el destino le tenía reservada una «gloriosa misión» en Pisagua, no lo hizo desistir de sus «nobles propósitos» (Figueroa, 1881, pp. 50-52). «Los hijos de Colchagua sabrán sostener con honor el timbre de gloria que nuestros antepasados nos legaron», escribió en La Juventud de San Fernando un hijo de la provincia227. En el marco de una tendencia en la que se hace evidente el reforzamiento de la identidad local en medio del conflicto internacional, Florentino Salinas defendió «el honor» de Aconcagua, recordando «el brillo de unos laureles que la fatalidad podía oscurecer». Es dentro de su afán por enaltecer la labor y el nombre del batallón a lo largo de la guerra que cobra sentido el relato que hace Salinas sobre la importancia del estandarte aconcagüino. Sus reflexiones en torno a este poderoso símbolo de cohesión identitaria permitieron que Salinas asociase a la milicia, de la cual formaba parte, con las glorias de Yungay y Pan de Azúcar (Salinas, F., 1893, pp. XII, 30). En la inocultable búsqueda por celebrar la singularidad de la historia provinciana, un editorial publicado en El Chilote recordó el accionar decidido de la provincia de Chiloé durante la «azarosa y colosal» guerra contra España. En aquellas dramáticas circunstancias para la república, Chiloé se convirtió en el centro de las operaciones bélicas. La nota también recordaba que la 108

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