que día a llegaban desde las provincias, Antonio Varas opinaba que era necesario realizar una estricta selección entre los cuerpos. Los criterios estaban relacionados a los servicios que tanto los jefes como la tropa y la oficialidad podían aportar a Chile. En los ofrecimientos, opinaba Varas, había mucho de patriotismo, «de aparato y de formas», y todos se creían buenos jefes y oficiales. Sin embargo, no era posible aceptar a pie juntillas esa promesa. Para la mano derecha de Pinto el gran objetivo era combatir la «inepta creencia pública» que demandaba por el aumento indefinido del ejército223. En el artículo «El aplazamiento», publicado en Copiapó, el intendente Matta fue denunciado por arrancarle a la mayoría de la comisión provinciana una resolución que ordenaba la suspensión de la salida de los copiapinos al norte. De esa manera la decisión de Matta anuló los esfuerzos realizados por la localidad para integrarse al conflicto oportunamente224. Matta fue también censurado por utilizar a los reclutas para fines políticos. La denuncia de El Constituyente exhibía pruebas muy concretas. Matta, «atropellador de la ley y entrabador de los derechos ciudadanos», fue acusado por la prensa copiapina de orquestar un atentado contra la libertad electoral valiéndose de los reclutas que iban a la guerra225. Si bien es cierto que algunas autoridades se valieron de los milicianos para engrosar sus maquinarias políticas no es posible reducir a las milicias al papel de instrumentos de la política local. Ello significa no entender a cabalidad aquella dimensión simbólica de la «ciudadanía en armas» que la Guerra del Pacífico trajo a la superficie. «Las gentes de nuestro departamento no se inmutan absolutamente en las luchas políticas en las que se les falsea el sufragio y se pisotean sus derechos», subrayó un periodista de El Civismo. Lo que en verdad les interesaba a los vilchuquenses era ver «dignamente representada» a la milicia provinciana en la guerra226. Lo que esta representación significó para los pueblos cuyas guardias nacionales fueron enviadas en oleadas sucesivas al frente de batalla fue explicado de manera brillante por Pedro Pablo Figueroa en su libro Atacama en la Guerra del Pacífico: reminiscencias históricas. El propósito de su texto, estrictamente «cívico» de acuerdo a su autor, fue rendir homenaje a los «guerreros de la república» originarios de la provincia nortina. Figueroa reafirmó la posición excepcional de la antigua Atamac cuya «metrópoli» fue Copayapu, subrayando, de pasada, su filiación histórica con el Imperio incaico. La invicta ciudad de Copiapó, centro de cultura, civismo y riquezas fue, al igual que los viejos pueblos 107
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