Guerreros civilizadores

pueblo un culto muy similar al de Guillermo Tell, fue destacada en las páginas del Álbum (Vicuña Mackenna, 1883-1885, pp. 29-35)209. En la defensa que hizo Isidoro Errázuriz a la labor del coronel de la Guardia Nacional José Francisco Vergara, el periodista y político señaló que luego de la sangrienta batalla de Tacna fue necesario crear nuevos cuerpos civiles. Estimular el patriotismo local y departamental, organizando batallones y regimientos compuestos por hijos de la misma provincia o del mismo departamento, y enviarlos al teatro de la guerra en cuerpos que llevaban el nombre de la respectiva «patria local» fue el objetivo fundamental. La medida, juzgada muy acertada por sus gestores, colaboró en promover «el civismo chileno» (Errázuriz, 1882, p. 66)210. Era «naturalmente equitativo y justo» que todos los departamentos de la república concurrieran, opinó Luis de la Cuadra desde El Ferrocarril, con sus respectivos contingentes a la guerra recién declarada a Bolivia211. Las necesidades de la guerra obligaron al gobierno a establecer un sistema regular de reclutamiento. Para tal efecto el ejército fue organizado en dos grandes grupos: el de Antofagasta (Operaciones norte) y el del sur (Ejército de Reserva). En plena guerra fue creado un depósito de reemplazos, destinado a llenar las bajas que el conflicto iba produciendo en su dinámica destructiva. Es dentro de ese contexto que las milicias provincianas empezaron a nutrir a la maquinaria bélica212. En virtud de ello los comandantes generales de armas de cada provincia, que en muchos casos eran los mismos intendentes, recibieron la orden de reorganizar los cuerpos cívicos de la república, lo que los obligó a disciplinar a «todos los oficiales, clase y soldados del batallón cívico» provinciano y a «todos los ciudadanos» que de acuerdo al artículo 156 de la Constitución estaban obligados a inscribirse en los registros de la Guardia Nacional. La organización de las milicias ciudadanas destinadas a pelear por el «honor y la dignidad» de Chile, pero también por el orgullo local, provocó la movilización de una amplia gama de recursos materiales y simbólicos. En Santiago, por ejemplo, se acordó formar en abril de 1879 un batallón de la Guardia Municipal. Los policías completaron su organización en una semana, del 7 al 14 de abril, fecha en que se declaró en forma oficial la fundación del batallón Bulnes. El comerciante español García Gine G. donó $200 para confeccionar el estandarte y para comprar equipos; la sociedad de sastres de Santiago aportó su trabajo, que consistió en cortar doscientos capotes, veinte levitas y setenta pantalones; y la señora de don Claudio Vicuña hizo entrega de quinientas camisas para los 102

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