abastecedores»206. En el marco de una tendencia cívica-republicana cuyo objetivo fue descalificar el provecho personal frente al bien común, periódicos como El Ferrocarril fueron acusados de defender los intereses de «los salitreros, de los agiotistas» y de «los jugadores de bolsa», una actitud que obviamente los alejaba del interés supremo de la nación en armas207. En la ideología guerrera se puede percibir una suerte de fusión entre un discurso de estirpe cívico- republicano y otro de corte nacionalista emitido en clave étnica. Esto se nota, por ejemplo, en «El advenedizo», un artículo de Justo Arteaga Alemparte publicado en El Nuevo Ferrocarril. Ahí, Chile fue descrito como hijo de sus obras materiales. Pueblo de soldados, de labradores y de bárbaros, la conquista de su territorio fue una epopeya en la que participaron héroes «fundidos en los moldes de Homero». Raza reservada, fría, pertinaz, altiva, orgullosa y dura, no existía en la pequeña república sudamericana el sibaritismo que tanto daño causaba a sus corrompidos vecinos. Porque Chile era callado entre habladores, infatigable en el trabajo entre perezosos y, lo más importante de todo, crecía y se hacía respetar llevando capitales, trabajo e industria por doquier. La Capitanía General dialogaba hombro a hombro con los virreinatos, dándoles lecciones de cordura en política y en economía. Más aún, recordaba Arteaga, ella las redimió en un par de oportunidades del poder imperial. Sin embargo, todos esos esfuerzos no significaron nada, los «grandes señores» no admitieron al «advenedizo de la fortuna, de tez tostada por el sol de anchos hombros, desarrollados por el trabajo y de manos callosas». Porque no estaba entre los planes de los «grandes señores haraganes» entenderse con «Chile bárbaro»208. II. CIUDADANOS EN ARMAS Cada provincia, escribió Vicuña Mackenna en el Álbum de la gloria de Chile, dio a la patria un regimiento de sus más varoniles hijos. De igual manera, cada una de las localidades que formaban la república personificó su heroísmo particular en una individualidad o en un grupo de individualidades, apropiándose del valor así como de la gloria de sus insignes paisanos. Ese fue el caso de Rafael Torreblanca, «bayardo copiapino, caballero sin miedo y sin reproche» en quien su provincia cifró «su orgullo local». La significación puramente comarcana del «soldado poeta», quien luego de morir en el Campo de la Alianza alcanzó en su 101
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