Género y conflicto armado interno en el Perú

sus padres «amanecían bailando toda la noche. Yo como niña seguía, entonces bailaba toda la noche y allí para que baile les daba ponche de maní en la noche con su pan chapla. Después de allí bailaba en contrapunto toda la noche. Mi papá, mi mamá tenía especialmente su zapato de madera para que baile, bailaba, no se cansaba». En relación a la escuela y los juegos, Felícitas —en clara diferencia con Angélica— señala que sus padres querían que ella estudiara, por lo que optaron por trabajar en la chacra y dejar a sus hijos en la ciudad al cuidado de la familia De la Cruz. La decisión de los padres de Felícitas en cierto modo estaba en diálogo con la cada vez mayor migración del campo a la ciudad, sobre todo por motivos educativos. Así, Felicitas comenzó sus estudios primarios a los diez años en la escuela de Carmen Alto. De esta etapa de su vida, Felícitas recuerda: «Un año con mi hermano en burro los dos montados hemos ido a mi pueblo, hemos llegado a las 6:30 y mi mamá lloraba, “¿Por qué han venido si están estudiando?”. Al día siguiente nos han hecho regresar, mi mamá nos ha dicho “tienen que estudiar mal que bien”». Sin embargo, ella dejó de estudiar cuando estaba en quinto de primaria, aproximadamente a los diecisiete años. La situación económica de su familia empeoró y sus padres ya no pudieron seguir manteniéndola; casi paralelamente fue violentada y salió embarazada. Felicitas señala que cuando dejó la escuela y salió embarazada comenzó a trabajar; antes de esto sus padres eran los responsables de sus gastos y necesidades. Después de algunos años, en 1984, a los veinticuatro años, Felicitas se casó con Teófilo Ramos Gamboa. Su esposo nació el 24 de diciembre de 1948 en Ayacucho, estudió secundaria completa y trabajaba como registrador en la Municipalidad de San Juan Bautista (zona urbana de Ayacucho). «La primera vez que lo conocí, él me dijo que me había soñado. Yo fui a sacar una partida de nacimiento de mi hermana a la Municipalidad de San Juan Bautista, donde él trabajaba, y él me dice, “Diosito me ha mandado, yo te he soñado”, y me abrazó y me sigueteaba, en allí he caído, me ha convencido». Felícitas se habría casado por lo que se denomina «la pedida», ritual en el que el novio se acerca a la familia de la novia para pedirla en matrimonio. Mientras Felícitas vivía con su esposo, se dedicaba al cuidado de la casa y los hijos; también continuaba con sus actividades como costurera y además participaba en las reuniones del club de madres que ella fundó. Felícitas tuvo cinco hijos. Sobre su primer hijo dice, «En mi soltería he tenido un hijo». Ella enfatiza que gracias a que le enseñaron a coser, «he 97

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