la ciudad. En el plano educativo se incrementó el número de escuelas a 187 de educación primaria y dos colegios secundarios. A nivel político y económico aún coexistían las haciendas y comunidades campesinas, donde predominaba la subordinación de los campesinos y campesinas. Felícitas cuenta que su padre trabajaba como peón y su madre como cocinera en una hacienda, y a su vez eran parceleros. Recuerda, «mucho abusaba ese hacendado a mi mamá [...], era malo, malo, explotaba a la gente pobre, ni siquiera un terreno le han dado. Como ya no aguantaban esos maltratos, eran castigados, ya no aguantaban y de noche no más se han escapado, esa época eran mandones eran esos hacendados, era como su propiedad la gente pobre, eran explotados». Durante los años previos al conflicto armado interno, en muchas comunidades ayacuchanas aún imperaba el trabajo forzado del campesinado. En la tipología que ha sugerido López (2006) sobre las familias campesinas de Ayacucho vinculadas con las haciendas, la familia de Felícitas se inscribe en la familia arrendataria que tiene una parcela en la hacienda, donde las interrelaciones con el caporal se caracterizaban por el maltrato físico y psicológico. Felícitas cuenta que sus padres arrendaban una parcela en la hacienda y vivían en condiciones de dominación, y explica que había una división sexual del trabajo, pues su padre trabajaba en el campo y su madre realizaba los quehaceres domésticos de la casa del patrón. La situación de los padres de Felícitas nos permite ver que los roles de género también están determinados por los tipos de organización sociopolítica y económica. Las mujeres en las haciendas de Ayacucho se dedicaban por lo menos a dos actividades: trabajadoras de parcelas o pastoras e hilanderas, mientras que los hombres fundamentalmente se centraban en labrar la tierra. Felícitas ha sugerido que sus padres huyeron de la hacienda y regresaron a vivir al barrio de Carmen Alto, de donde eran originarios. Allí se dedicaron al arrieraje. Sin embargo, los padres de Felícitas, junto a la familia De la Cruz, «hicieron un juramento para ser como familias, mi abuelita con esa familia es la misma abuelita, ellos han dicho somos familia». Sobre la base de este juramento acordaron que los padres de Felícitas se encargarían de trabajar en el campo y de proveer de recursos económicos y la familia De la Cruz se encargaría de criar y educar a los hijos en la ciudad. Prosiguiendo con las memorias sobre su infancia, Felícitas recuerda con mucha alegría la celebración de la Navidad. Cuando ella tenía doce años, 96
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