Esta elaboración sobre su familia se convertirá en un hecho fundante de su identidad. Cuando Angélica era niña no había escuela en Huambalpa, y ella se dedicaba a acompañar a sus abuelos. Fue cuando tenía dieciséis años que se creó por primera vez una escuela en su distrito. Angélica recuerda que asistió a la escuela por un tiempo corto: «tenía dieciséis años y solo fui a estudiar una semana». Su madre y sus abuelos le dijeron «A qué vas a ir, ya se han ido a la escuela tus hermanos, tú te tienes que quedar en la casa a ver a los sirvientes». Continua su relato, «he ido una semana a la escuela, pero mi abuelo y mi abuela no podían ponerse a trabajar, a pesar de que eran gente rica no me han puesto a la escuela, “tienes que ver los animales y tienes que ver que las muchachas pastan los animales, no hay tiempo para que vayas a la escuela, hay que ver esto, hay que ver lo otro”». La falta de acceso a la educación se convirtió en una marca para Angélica, que en términos de Jelin (2012) definió los cursos de la vida, así como las acciones y visiones de su existencia e interacción social. Este hecho real y simbólicamente la ha «marcado» como mujer iletrada. De los juegos de su infancia, Angélica recuerda que le gustaba jugar a la tiendita65 y al juez; precisa enfáticamente que nunca le gustó jugar con muñecas: «Si comienzan con muñecas, me voy de inmediato, no me gustaba jugar con las muñecas». Ella prefería jugar representando a las autoridades, lo que no sería casual, ya que tuvo el referente de su abuelo materno que era autoridad. «Me gustaba andar buscando justicia», es una frase que reitera y que habría marcado su identidad y el curso de su vida, sobre todo cuando se inició el conflicto armado interno. Angélica recuerda que a la vez que fue obligada a abandonar sus estudios también fue obligada a casarse. «A mí, mi mamá me ha entregado a mi profesor», dice para contarme el trato que su madre hizo con su profesor de escuela. Así, Angélica se casó con Estanislao Ascarza Barros, nacido en Huancavelica y de profesión docente. Precisa: «Pero yo no conocí el amor, mi mamá me ha entregado a ese señor, yo he llorado duro, he sufrido duro porque me entregaron a ese hombre desconocido, no podía acostumbrar. Antes era así la costumbre, la costumbre era así. Yo tengo cólera a mi madre porque no me ha hecho estudiar y me ha entregado a un hombre desconocido. Finalmente, pasé mi vida con él». En un balance sobre el matrimonio en las zonas andinas rurales, Escalante y Valderrama (1997) y Earls y Silverblatt (1977) documentaron que el matrimonio se realizaba por concierto entre los padres de los novios. Los padres se 94
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