Género y conflicto armado interno en el Perú

Angélica Mendoza nació el primero de octubre de 1928 en el distrito de Huambalpa (Vilcashuamán, Ayacucho). Su padre, Rufino Mendoza, falleció cuando ella tenía siete años. Su madre volvió a casarse y ella quedó a cargo de sus abuelos. Hacia finales de 1920, Ayacucho era una región eminentemente rural, con una población dedicada principalmente a la agricultura. Los campesinos comenzaron a construir carreteras en el marco de la ley de conscripción vial impulsada por los gobiernos de Augusto B. Leguía (1908-1912 y 1919-1930). Esta inicial e incipiente ampliación de la red vial contrastaba con el elevado porcentaje de personas iletradas que vivían en las zonas rurales de Ayacucho. A nivel político y económico coexistían las haciendas y comunidades campesinas. En las haciendas predominaban las relaciones de subordinación del campesinado con respecto a los hacendados. Los hacendados o las «familias notables» usualmente eran elegidos como autoridades y representantes del gobierno, y salvo la escuela y esta débil y arbitraria representación, en estas zonas no había más presencia del Estado. Sobre este momento, Angélica recuerda que observó directamente el trato abusivo que recibían los campesinos: «Los hacendados trataban a la gente de las comunidades como si fueran sus esclavos, día y noche trabajaban para ese patrón, hasta en la chacra sembraban maíz para ese patrón. El patrón las sobras o las cosas malogradas le daba a esas gentes, eso no me gustaba desde mocosa». Explícitamente señala que ella no era parte de ninguno de los dos grupos sociales a los que hace referencia. Recuerda —o recrea la memoria— de que su abuelo paterno provenía de España. Su familia poseía propiedades, animales y «muchachas», y su abuelo materno era constantemente elegido autoridad. Angélica ha elaborado o recreado una memoria en la que su familia —sobre todo sus abuelos— era acomodada y tenía un estatus que le otorgaba el respeto de los hacendados y campesinos. Hace alusión constante al hecho de que sus abuelos no venían del campo, «a qué se han ido a vivir al campo, quién en su sano juicio hace eso», señala en forma de reclamo. En su memoria, su abuelo Mateo Mendoza habría llegado de España y en su búsqueda de oro habría vendido sus propiedades de la ciudad de Ayacucho y se habría mudado junto a su familia al campo. Esta memoria —recreada o no— sobre el origen de su familia le imprimió una dinámica de interrelación particular: «A mí desde chica la gente me respeta, yo les decía, por qué abusan a la gente, por qué tienen que estar peleando. La gente me respetaba, porque mis abuelos eran autoridades». 93

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