La participación de las seis mujeres quechuas en las audiencias públicas de la CVR fue un ejercicio de sus derechos como ciudadanas para participar con voz propia en los asuntos públicos. Ellas actuaron frente a la oportunidad que les dio la CVR y consiguieron la reelaboración de la historia del conflicto armado interno. En sus relatos, con mayor o menor autoconciencia, confrontaron la historia hegemónica del conflicto y, de manera particular, lo que fue la actuación del Estado en la lucha antisubversiva al asignarle responsabilidades en las violaciones sufridas. Las historias que relataron fueron más allá de la descripción de las violaciones sufridas, sobre todo mostraron su capacidad de agencia dando cuenta de las decisiones que tomaron durante la violencia vivida. En el caso particular de las jóvenes, se puede apreciar un menor grado de agencia, lo que se explica por la edad que tenían durante el conflicto. La mayor autoconciencia de agencia y conciencia de derechos se encuentra en las dirigentes campesinas y en menor grado, más referida a su familia, se encuentra en las madres. En cinco de los seis casos, representaron a un grupo mayor de personas que habían sufrido lo mismo que ellas. En sus relatos incluyeron lo vivido por el conjunto de su comunidad. Las dirigentes representaron de manera explícita a los sectores campesinos del país. Las otras mujeres representaron a sus comunidades y a miles de otras mujeres que pasaron por lo mismo que ellas. Todas presentaron exigencias al Estado que fueron más allá del reconocimiento de lo vivido: presentaron demandas de orden económico, de manera específica en trabajo y salud. Las dirigentes expusieron una problemática mayor a la del conflicto armado, hablaron de la situación de marginación de los campesinos en el país. Exigieron derechos. Con las audiencias públicas, la CVR creó un espacio público democrático en el que se garantizó la participación con equidad de género. Las personas dieron sus testimonios en sus lenguas maternas y se aseguró la interpretación simultánea al castellano para todo el público. Se reguló la participación del público y de los medios de comunicación para garantizar la escucha respetuosa de los testimonios. Las historias que se presentaron fueron consideradas de interés público; sin embargo, esto tuvo vigencia solo en tanto existió la CVR. Concluida su labor, este espacio de participación fue cerrado y se silenciaron nuevamente las voces de los sin voz. También tuvieron la limitación de no haber completado el diálogo que un espacio democrático debe procurar: las personas que dieron su testimonio no obtuvieron una respuesta ni del Estado ni de la sociedad que 82
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