Género y conflicto armado interno en el Perú

narra el evento de su violación le da el mayor peso de la narración al hecho de que estaba con su pequeño hijo: Ahí estuvimos una noche y a mí me sacaron con mis hijitos, me sacaron. Vamos a Jicamarca, vamos a sacar presos, ustedes van a reconocer me dijeron. Yo pensaba que habían traído a mi esposo, entonces salí. Me llevaron al baño y en el baño seis soldados encapuchados me violaron. Mi hijito era de un año y medio, mi hijito lloraba, y mi hijito de un año y medio. Le metieron algo en la boca para que no grite y a mí también. Entonces yo pensaba que a mi hijito lo iban a matar y agarraba a mi hijo. Entonces solo lloraba, lloré en vida como en muerta, y había sangrado demasiado y me baldearon. Yo pensé que mi hijito había muerto, entonces mi hijito empezó a vomitar. Entonces les pedí que por favor me mataran para que no me sigan haciendo eso, que me mataran, y ellos me dijeron que era terrorista y me insultaban. En esta parte de su testimonio, Nemesia se quiebra y relata el episodio entre llantos. Dice que lo que tiene que contar, narrar la inmensidad de su sufrimiento, podría demorar años y no terminaría. La joven Celestina Zevallos, al inicio de su testimonio, señaló que no hablaría de un evento traumático, sino de una vida de sufrimiento donde andaban sin rumbo. La vida se les había trastocado totalmente. Así se expresa cuando describe las «retiradas» a las que los obligó Sendero Luminoso. Dice: «[...] andamos por todas partes. Yo tenía mi primer hijito, que nació en el 83, con ese mi hijito andamos por los cerros, pero murió de hambre. Tenía un año y medio y murió». Termina su testimonio diciendo: «[...] y ahora de tanto llanto, tanto sufrimiento, ya no estoy muy bien. Me siento muy mal, y eso es todo lo que puedo decir y es todo lo que recuerdo». Deja sentado en el auditorio la tristeza que la acompaña hasta el día de hoy, como dijo al inicio de su testimonio: su relato era el de una vida entera de sufrimiento, habló de una vida anulada. Silvia Zevallos, la más joven de las seis testimoniantes, cuenta a la audiencia lo que le sucedió cuando todavía era una niña. Sale de Chungui cuando tenía nueve años, luego de un primer intento de violación en el que ella se defiende con un palo con espinas. Luego le sucede lo mismo en la casa donde se encontraba secuestrada. Lo cuenta de este modo: [...] con su trabajador quiso hacerme violar. Yo ya tenía doce años y me encerraron en un cuarto, pero yo me defendí. Me subí al segundo piso, entonces me estaba escapando cogiéndome de un tanque, entonces me solté y me caí. Yo no recuerdo muy bien pero mi cadera me había malogrado. Entonces me arrastro hacia el lugar donde dormía con sus animales. Allí estaba llorando, lloraba 76

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