Género y conflicto armado interno en el Perú

En ese momento del testimonio, a la señora Bautista le venían a borbotones las escenas que recordaba, hablaba muy rápido. Narró que se los llevaron en una tanqueta, junto con sus hijos, al cuartel de Cangallo y llegaron a la medianoche. Contó escenas de torturas que impactaron por su crueldad. Al día siguiente de la audiencia pública, su foto dando su testimonio fue puesta en la primera plana del diario El Comercio, debido a lo impactante de su narración. Por su lado, la joven Celestina inició su testimonio presentando el contexto de la violencia en Chungui (Oreja de Perro), y lo primero que relata es lo que los sinchis le hicieron a Valerio Flores Zevallos, su hermano: [...] los sinchis llegaron, lo masacraron, lo torturaron; hasta le habían hecho comer sus carnes y lo habían ahorcado. Y como no podía morir, nuevamente lo soltaron al suelo, le sacaron su ropa y se lo llevaron muy lejos. Ahí lo habían fusilado a mi hermano… Después de una semana, nuevamente entró Sendero. Y tenía mi abuelito, que era juez, y a él, junto con mi primo de quince años, entre otras personas, lo habían matado con cuchillo, como a perros los había cortado el cuello y en un solo hueco los habían enterrado a todos. Yo no he visto eso, mi mamá había visto eso y me contó. Celestina utiliza lo que le narró su madre de estas muertes para impactar al público de la misma manera que lo hizo con ella. Por último, una tercera estrategia es la de Olga (madre) y Silvia (joven), que exponen sus sentimientos, las emociones que experimentaron cuando las cosas sucedieron y revelan su intimidad ante la audiencia. Ellas apelan a la empatía del auditorio con lo que ellas han sufrido. Olga Canales narra cómo fue su vida luego de que un 3 de marzo su esposo desapareció. Cuenta cómo un día fue a la mina a buscarlo, no lo encontró y nadie le dio razón de él. De regreso a su casa, tuvo que enfrentar esta situación con sus hijos. Una situación de incertidumbre: no sabía si estaba muerto o vivo, lo que lo hacía aún más doloroso. Olga envuelve a la audiencia reproduciendo las escenas con los diálogos y los sentimientos de aquel entonces. Las personas que la escuchábamos podíamos imaginarnos claramente lo que ella estaba contando. Estaba desplazada con sus hijos en Huancayo. Se encontraba completamente sola en una ciudad donde no conocía a nadie y debía mantener a sus hijos. Ella cuenta: Un día hasta pensé matarme, aventarme al río Mantaro. A la bebe que estuve lactando, cargándome y a los demás mis hijitos amarrarme a la cintura y vendarme los ojos y aventarme al río Mantaro. Porque la vida era triste para mí. Perder a un ser querido es muy triste. Y yo le dije: «Me voy al río y me aviento, 73

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