Sus afirmaciones las hace deslindando con otro tipo de dirigentes, que abandonaron sus tareas por miedo, ante las amenazas de Sendero Luminoso. Ella dirigió su discurso principalmente a sus hermanos campesinos. La dirigente Mercedes Calcina basa también su autoridad para narrar la verdadera historia del conflicto en Puno en su posición de dirigente de las mujeres campesinas del departamento. Al igual que Janampa, presenta su trayectoria de dirigente, los cargos que ocupó y las acciones que realizó en el contexto de violencia que se vivía en esos años: [...] empecé organizar a las mujeres campesinas, donde no había organización de las mujeres campesinas, donde no había dirigentes campesinas a favor de nuestras hermanas campesinas… de rincón a rincón, a los fondos de empresas asociativas, a organizar a las mujeres campesinas donde la violencia estaba fuerte [...] porque en defensa de todas las mujeres campesinas he luchado, ahí me conocen, las trece provincias me conocen. También Calcina optó por la defensa de los derechos de las mujeres campesinas desde su puesto visible de dirigente, a pesar del peligro que esto suponía. Una segunda estrategia es la utilizada por Nemesia (madre) y Celestina (joven), quienes transmitieron los horrores que ellas vieron y vivieron, y quisieron que la audiencia sintiera lo mismo que ellas. Presentaron con detalles la inhumanidad y los extremos a los que se llegó durante el período de violencia. Nemesia describió el escenario de una de las intervenciones militares, donde aparecen los muertos y el llanto de sus hijos. Contó que fue detenida junto con otras mujeres, sus hijos y otros treinta comuneros. Ella narra cómo torturaron a tres comuneros y a ella: «[...] a tres comuneros los colgaron delante de nosotras y ellos lloraban y gritaban. A nosotros nos pegó el capitán, nos agarraba de los cabellos y nos lanzaba contra la pared. Nosotros ni sentíamos ni el dolor, nuestros hijos en cambio lloraban, solo lloraban». La audiencia podía imaginarse con claridad la escena que Nemesia contaba. Su testimonio no guardó una secuencia histórica: ella pasaba de un evento a otro y regresaba en el tiempo para dar más detalles. Luego de describir lo que sucedió durante su detención, regresa a narrar lo que vieron en el camino, cuando se los llevaban detenidos: «[...] los comuneros habían estado colgados en las orillas del río de las testes, y ahí nos pisotearon a todos. Caminaron por encima de nosotros diciendo que nosotros contemos donde están las armas de los terroristas, diciendo que nosotros habíamos matado a ellos». 72
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