casos se llega a las agresiones personales. Las testimoniantes que se presentaron en las audiencias públicas aceptaron dar esa batalla por las memorias, y lo hicieron presentando lo que le sucedió a cada una de ellas, así como las memorias de sus familias y comunidades. Todas, de diferentes formas, expresan su agradecimiento por permitírseles contar su versión de lo ocurrido durante el conflicto armado interno. Actuaron en estas presentaciones en público buscando movilizar subjetividades y provocar una acción pública (Ulfe, 2006) que podría abrir el diálogo en la sociedad y hacerla más democrática. Podemos resumir en tres las estrategias utilizadas por las seis testimoniantes para impactar en la audiencia. La primera es la utilizada por las dirigentes campesinas, que sustentaron extensamente la legitimidad de sus relatos basadas en sus valores, en la autoridad que les confería ser lideresas campesinas democráticamente elegidas por sus bases y en su trayectoria de lucha en condiciones muy peligrosas como las que se vivieron durante el conflicto armado interno. Tanto la dirigente Janampa como Calcina legitimaron su relato basándose en la autoridad que les confería el hecho de ser dirigentes elegidas democráticamente por sus bases. Como dice Bourdieu (2001), para tener el poder de significar, deben estar «habilitadas» por su grupo, lo que significa que les reconocen esa autoridad. Más allá de lo que se diga, el impacto, el poder de la palabra, lo tiene el portavoz que está investido del capital simbólico acumulado por el grupo. Janampa primero deja en claro ante la audiencia que ella no es una terrorista: ella es una dirigente campesina que ha sido elegida por las bases. Detalla de modo pormenorizado su trayectoria como dirigente mujer campesina. En su autorretrato define de qué tipo es su liderazgo: «No me dieron ese cargo», señala. Es decir, no se lo regalaron, sino que fue elegida por mayoría, lo que significó un reconocimiento a su trayectoria. Añade que la decisión de aceptar un cargo de dirigente en el contexto de violencia que se vivía en el país en esos años era una decisión muy delicada porque se jugaba la vida, y ella aceptó el cargo consciente del peligro que enfrentaba. Por encima de su vida estaba su compromiso con sus hermanos campesinos, lo que le da un mayor valor a su decisión: «Yo tomé una decisión. Pensé bien entre la vida y la muerte. Yo debo luchar en bien de mis hermanos campesinos; por algo me han dado esa confianza el pueblo… yo no soy terrorista soy representante nacional, soy dirigente». Como se dijo líneas arriba, Janampa basa su autoridad para hablar en la audiencia pública en su trayectoria consecuente como dirigente campesina. 71
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx