Género y conflicto armado interno en el Perú

década de 1990, en los gobiernos de Fujimori, se hizo un uso político del terrorismo (CVR, 2003a, p. 3). El miedo y el terrorismo fueron utilizados como parte de la lucha antisubversiva. Se montaron operativos psicosociales dirigidos desde el Servicio Nacional de Inteligencia (SIN), y para ello controlaron los medios de comunicación y de manera particular los diarios «chicha» y canales de televisión de señal abierta, donde solo eran admitidos los crímenes perpetrados por Sendero Luminoso o el MRTA. Cuando las denuncias contra las fuerzas del orden aumentaron, en 1995 el Congreso aprobó una ley de amnistía que prohibió cualquier investigación relacionada con la lucha antisubversiva. Es esa historia oficial la que los testimonios analizados aquí confrontan. Partimos del concepto de que la historia la escriben los vencedores, es decir, la escriben los que están en el poder. Como afirma Benjamin (2005), esta se convierte en un instrumento de la clase dominante, que pretende imponer la interpretación del pasado para explicar el presente. Sin embargo, esta acción no tiene la fuerza suficiente para borrar los recuerdos de los individuos, las memorias que permanecen silenciadas, listas para salir a la luz cuando se presente la ocasión, sin importar el tiempo transcurrido. Articular el pasado históricamente no significa que haya sido exactamente como se ha escrito, siempre se le puede modificar, como «el ángel que arregla el pasado», que abre otro tiempo, que exige justicia y libera al presente de ese pasado impuesto. De este modo, las seis mujeres que dieron su testimonio utilizaron el espacio público de las audiencias de la CVR para modificar la historia oficial del conflicto. Esta confrontación con la historia impuesta tiene diferentes niveles. Algunas de las testimoniantes son más claras que otras en esta confrontación, pero todas tenían plena conciencia de que su historia no era conocida y era el momento de que saliera a la luz y se supiera lo que no se conocía o se sabía mal. Desde diferentes enfoques, las seis testimoniantes reescribieron la historia del conflicto y presentaron a la sociedad dimensiones de lo sucedido que no habían sido tratadas en la esfera pública anteriormente. Las dirigentes desmontaron la historia oficial, en primer lugar, desenmascarando las falsas acusaciones de terroristas que cayeron sobre ellas y dieron las verdaderas razones de sus detenciones, criticando además, de manera explícita, la precariedad de las instituciones encargadas de la seguridad del país. Para ellas, las acusaciones de que eran terroristas tuvieron a la base sus discrepancias que existían con otros dirigentes campesinos. Ellas usaron esta plataforma pública para hacer estas 65

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