Género y conflicto armado interno en el Perú

negocio de comidas. En el momento de la edición final del libro (1975), Asunta ya no trabajaba, se encontraba enferma y vivía recluida en casa. Las entrevistas a Gregorio empiezan en 1973 como parte del documental «El Cargador», de Luis Figueroa. Luego se sumaría Asunta. Al descubrir la gran capacidad narrativa de Gregorio, la confianza y amistad de los años los lleva a retomar las entrevistas en 1975. La elaboración de las entrevistas se hizo a partir de temas generales «en base a los que Gregorio —y posteriormente Asunta— pudieran discurrir en forma libre. Muchas veces eran ellos quienes elegían los temas para hablar» (Valderrama & Escalante, 1977, p. 14). Los mismos antropólogos se encargaron de la transcripción y el proceso fue interrumpido varias veces para volver a las entrevistas que ampliarían aspectos que habían pasado de largo. La gran diferencia entre el testimonio de Agustina y el de Asunta está en el trabajo de los gestores, los antropólogos Ricardo Valderrama y Carmen Escalante. Ambos promueven un espacio propicio para que Asunta pueda dar su testimonio. Asunta se termina representando en quechua, como una mujer que padece una vida plagada de injusticias y no únicamente en su rol de esposa. Este margen representacional es posible porque, a diferencia de Hugo Neira —quien solo instrumentaliza el método etnográfico al servicio del marxismo—, Valderrama y Escalante asumen un proyecto antropológico diferenciado de esa agenda ideológica. Además, hablan el quechua. Valderrama y Escalante, a contracorriente de la tendencia hegemónica de aquellos años, se preocupan por registrar la dimensión cultural del Cusco contemporáneo: por ejemplo, cómo se viven algunos elementos de modernización en el espacio andino. En segundo lugar, es posible porque uno de los integrantes del proyecto es una mujer y puede establecer mayor empatía con el drama de la vida de Asunta, además de tener la capacidad de percibir la dimensión de género en su trabajo antropológico. Si la limitación en el plano paratextual es la invisibilización de Asunta, la limitación en el cuerpo textual, la narración misma, se encuentra en el menor protagonismo en relación al testimonio de Gregorio. El testimonio de la primera en la edición solo en español tiene veinticinco páginas y el del segundo en esa misma edición alcanza 94. A pesar de ello, Asunta narra amplios pasajes de su vida: una niñez signada por la muerte de integrantes de la familia, la huida del seno familiar y sus primeros trabajos como empleada de casa, la dura relación de subordinación con el primer 48

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